(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 9:18-29, Mateo 4:12-17)

JEHOVÁ ES MI PASTOR

Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.

—Salmos 23:6, Reina Valera 1995

¿Qué significa para usted la palabra «pastor»? Este término designa a la persona que «guarda, guía y apacienta el ganado, especialmente el de ovejas». También se refiriere a la persona que tiene a su cargo el cuidado espiritual de los miembros de una iglesia. En el antiguo oriente, donde la Biblia fue escrita, se llamaba pastores a los reyes como una manera figurada de describir el cuidado con que aquellos reyes gobernaban a sus súbditos.

El conocido salmo 23 identifica a Dios como el pastor del salmista. En el antiguo oriente los reyes protegían a sus súbditos notables permitiéndoles vivir en el palacio y comer en la misma mesa que el rey. David dice que Dios le tratará como un rey agasaja a sus súbditos destacados. Pero en el último versículo afirma que el Señor le concederá algo que ningún rey terrenal puede otorgar: vivir en la morada divina por días largos. Este es el mismo anhelo que tuvo Abraham cuando salió de Ur de los caldeos pues «esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor.» (Hebreos 11:10,13-16 cf. Juan 14:1-6). La casa de Jehová es la Jerusalén celestial una morada y santuario espiritual. Los largos días son la eternidad. En la eternidad Dios mismo es el anfitrión que nos acoge en su morada celestial. ¿Cómo estar seguros de que podemos entrar allí?

La Biblia responde que ninguna obra nuestra nos abre la entrada al cielo: «no por obras, para que nadie se jacte.» (Efesios 2:9) El único camino es Jesucristo mismo (Juan 14:6), como David lo dice «el bien y la misericordia». Este bien y esta misericordia es la obra redentora que Jesucristo obró a favor nuestro siendo nuestro doble sustituto. Él lo hizo todo. Obedeció perfectamente en lugar de nosotros y murió sufriendo el castigo que merecemos. Gracias a Dios que es así. Pues si fuera por nuestras obras nunca podríamos estar seguros de haber hecho lo suficiente. Pero como es por los méritos y las obras de Cristo, sabemos que él hizo lo suficiente y su obra fue aceptada por Dios. En gratitud vamos a querer vivir santamente consagrados a su servicio (Efesios 2.8-10).

Oración:

Señor, confieso que por mi propia razón o elección no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él. Sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado y guardado en la fe verdadera. De la misma manera llama, congrega, ilumina y santifica a toda la iglesia cristiana en la tierra, y en Jesucristo la conserva en la verdadera fe. Gracias te doy por ello, pues mi salvación no depende de mí sino de ti.  Amén. 

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