EL AMOR Y EL MIEDO NO PUEDEN SER COMPAÑEROS DE HABITACIÓN

Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. . . . En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. 1 Juan 4:16,18

“Dios es amor”, escribió Juan. Más que una descripción de Dios, esta frase es un nombre que abarca todo lo que es él. Lutero escribió una vez: “Si yo quisiera pintar un cuadro . . . que represente a Dios, tendría que ser un cuadro de amor puro, para resaltar el hecho de que la naturaleza divina es, por así decirlo, un horno radiante de amor que llena el cielo y la tierra”.

Por los actos de Dios, puedo aprender más acerca de este Dios de amor. “¿Me amas?”, le podría preguntar un niño a su padre, y recibir como respuesta un gran abrazo. Yo le pregunto a Dios: “¿me amas?”, y en respuesta me señala la cruz del Calvario; en ella, su amor extendió sus manos perforadas por clavos, en el más cálido y amplio abrazo que mi mundo jamás recibirá. Ahora, por medio del evangelio, él llega a mi corazón y me lleva a la fe para que pueda compartir con Jesús esa íntima unión con él, con el Dios de amor.

Cuando el amor de Dios va conmigo, no hay lugar para el temor. Con temor, Juan se refiere al terror y miedo que viene al saber que mis pecados han desagradado a un Dios santo y que merezco el castigo en el infierno. Cuando el amor de Dios entra en el corazón, cada vez más se echa fuera ese temor esclavizante y entra la confianza para el día del juicio. Como creyente, yo sé que mi caso ya ha sido resuelto en el Calvario y que el veredicto es favorable. Dios es amor. En las personas cuyo corazón Dios llena de amor, no hay lugar para el miedo.

Oración:

Oh, Dios de amor, te pido que, por medio de tu Palabra, llenes mi corazón con Jesús para que el miedo no more allí nunca más. Amén.