EL PASTOR EXCELENTE 

 Jehová es mi pastor, nada me faltará. 

 —Salmo 23:1, RV60 

¡Cuán fácil era la vida cuando era niño! —dijo un hombre a su amigo—No tenía que cargar con ninguna de mis actuales preocupaciones. El médico me ha desahuciado y no sé como sobrevivirá mi familia sin mis ingresos. 

—Si puedes dar una solución, ¿de qué te preocupas?, y si no puedes darle una solución ¿de qué te preocupas? —Le respondió su amigo. 

 

No es fácil dejar de preocuparnos. Somos personas pensantes y queremos que a nuestros allegados y a nosotros mismos nos vaya bien en la vida. Muchos consideran que tener abundante dinero, salud, y afecto de nuestros seres amados es suficiente para sentirnos felices. La verdad es que nada de eso consigue darnos una verdadera vida plena de gozo. Agustín, obispo de Hipona, dijo: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti.» (Confesiones, 1:1) 

 

Somos seres necesitados de Dios. Pero, al mismo tiempo, no queremos saber de él. Esta situación contradictoria que nos deja incómodos, insatisfechos e infelices se debe a que nacemos con una naturaleza pecaminosa que ama lo malo y odia todo lo bueno, inclusive a Dios. Pero, por otra parte, tenemos una imperante necesidad de Dios que no será satisfecha hasta que tengamos la reconciliación con él. El rey David describe la paz y sosiego que tiene el creyente cuando está en buena relación con Dios. Así como las ovejas necesitan el cuidado de un buen pastor que no solo se limita a vigilarlas sino que establece con ellas tal relación que las conoce por nombre y sabe de sus necesidades, de igual modo nosotros necesitamos, no solo el cuidado divino, sino también una autentica relación con el Creador. Cuando eso sucede, nada nos falta, pues él todo lo provee.  

 

Jesucristo, nuestro buen pastor, nos exhorta: «no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.» (Mt 6:31-33). Ninguno de nosotros puede buscar perfectamente el reino de Dios y su justicia. Pero Jesucristo lo hizo en lugar de nosotros y pagó por nuestro pecado como sustituto nuestro. Por sus méritos Dios nos asegura suministrarnos todo lo que necesitamos para esta vida y la venidera. En gratitud vamos a querer temer, amar, y confiar en Dios sobre todas las cosas. 

Oración:

 Señor, te doy gracias porque por los méritos de Jesucristo, tu amado Hijo, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida; y en tu casa moraré por largos días. Amén. 

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