EL HIJO DE DIOS PADRE

Tú eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado.

– Hebreos 1:5

Hace unos años atrás visité el barrio en el que viví mi niñez y adolescencia. No pude contener las lágrimas al ver los cambios que habían sucedido. La gran arboleda en la que diariamente solía jugar con mis amigos, en el pasado, ahora estaba cercada y solo era posible disfrutar de ella algunos días y pagando un tiquete. No nos es posible volver al pasado como tampoco ir al futuro; nuestra realidad es un breve instante hoy.

Dios no está sujeto al tiempo ni al espacio. Él vive un «hoy» eterno y es en esa realidad eterna en que el Padre engendra al Hijo eternamente. Esto significa que el Hijo no tiene principio, siempre ha existido: «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1). Pero también significa que el Padre siempre ha sido Padre. No hay un punto en el que no haya sido Padre. El Padre no es sin el Hijo como el Hijo no es sin el Padre. Todas las cualidades paternales del Padre son eternas como lo expresa la Biblia:

· «Con amor eterno te he amado» (Jeremías 31:3).

· «Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos» (Salmo 103:13).

· «¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!» (Isaías 49:15).

· «Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?» (Mateo 6:26).

El Padre siempre ha amado al Hijo con el amor eterno que supera a todo otro amor. Los creyentes nos beneficiamos de ese mismo amor gracias a la obra de Cristo. El Padre eterno nos ama en su Hijo Jesucristo (Romanos 8:39).

Oración:

Padre nuestro, te doy gracias porque me amas y me llamas hijo en Cristo tu Unigénito. Amén.