MATRIMONIO CELESTIAL

En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. […] Te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová.

—Oseas 2:16, 20, RV95

Un hombre ató un ave a una cuerda que estaba sujeta en una estaca. El ave, que solo podía caminar en círculos alrededor de la estaca, al final hizo un surco de tantas vueltas que dio. Por fin su dueño quiso liberarla de su atadura y al aire la aventó. El ave voló un poco, pero pronto al surco retornó, esclava de su rutina, ya sin atadura visible. Algo parecido sucede con los seres humanos. Muchas personas que fueron secuestradas desarrollan una simpatía tal por sus secuestradores —el Síndrome de Estocolmo— que se hacen cómplices de ellos. Algo similar sucede con la humanidad que ama el pecado que la esclaviza.

El pueblo de Israel despreció la relación que Dios quería con ellos. Dios no les ofreció una relación de Soberano a esclavo. Él le dijo que ellos serían su especial tesoro. Pero la naturaleza pecaminosa de los israelitas quería vivir en esclavitud bajo el látigo de un amo. Por esto Baal (significa que significa dueño, amo del esclavo) era un ídolo atractivo. En el paganismo oriental, Baal era el ídolo dueño de cierta ciudad, región o territorio. En tiempos de Oseas los israelitas asumieron que Jehová era un Baal (un esposo amo de su esclava) Pero Jehová no está de acuerdo con tal relación pues Él quiere un pacto matrimonial de amor, no de servidumbre. De eso trata la meditación de hoy. «Baalí» significa «mi esposo propietario y amo» (de la esposa comprada como esclava). Pero «Ishí» significa «mi esposo» cuando el matrimonio es un pacto de amor realizado sin opresión.

La ley moral de Dios nos dice cómo quiere Dios que nosotros seamos. Él quiere que seamos santos y perfectos. También nos dice qué es lo que Dios quiere que hagamos y qué no quiere que hagamos. Pero deja claro que no quiere que tales cosas sucedan por obligación. Dios quiere que sean por amor. Hay una gran diferencia entre una relación con Dios por obligación (fariseísmo) y una relación con Dios por amor (cristianismo) que nace como resultado de que Dios nos amó primero (Gálatas 4:21-31 cf. 1 Juan 4:19; Romanos 13:8-10). Jesucristo vino a salvarnos, siendo nuestro Salvador, al obedecer perfectamente la ley en lugar de nosotros y al haber padecido el castigo que merecemos por nuestro pecado. Por tanto, ya no «tenemos» que obedecer para agradar a Dios, ni para ser salvos. Sin embargo, en gratitud, vamos a «querer» hacer la voluntad de Dios y ser santos por amor a Él y al prójimo (Filipenses 2:13; Colosenses 3:17).

Oracion:

Padre nuestro, te doy gracias que en el bautismo me hiciste tu hijo, un miembro de tu familia y beneficiario de las promesas del nuevo pacto. Por los méritos de Jesucristo me hiciste parte de la iglesia, tu esposa eterna. Amén. 

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