(Lectura de la Biblia en tres años: Josué 16, Lucas 8:40–45)

HACER EL BIEN SIN MIRAR A QUIEN

Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber.
Actuando así, harás que se avergüence de su conducta, y el SEÑOR te lo recompensará.

—Proverbios 25:21–22

El antiguo refrán «Hoy por ti, mañana por mí» nos recuerda la importancia de la reciprocidad. Los epicúreos recomendaban la reciprocidad, no porque fuera lo correcto y lo noble, sino por sus buenos resultados. Así que no es sorprendente que la reciprocidad sea practicada casi en todo lugar. La Biblia demanda el ejercicio de la bondad desinteresada, es decir, el hacer el bien sin esperar retribución. ¿Habrá excepciones a esto?

Un antiguo escrito judío dice: «Cuando hagas el bien, fíjate a quién, y podrás esperar algo de tu buena acción. Haz un favor al bueno y obtendrás recompensa, si no de él, del Señor. Ayudar al malo no trae ningún bien, y ni siquiera es hacer una buena acción.» (Sirácida 12:1–4, DHH) Es fácil notar que este escrito judío va en contra de lo que la Biblia enseña. Debido a que es parte de la colección de libros denominados apócrifos o deuterocanónicos, es posible encontrarlo en algunas ediciones de la Biblia. El hecho de que algunas editoriales lo incluyan no significa que sea palabra de Dios. La Biblia sin los libros apócrifos es la Palabra de Dios y en ella el Señor revela su voluntad para toda la humanidad (la ley moral) y las buenas noticias de salvación (el evangelio). Dios quiere que hagamos el bien siempre y a todos, sin excepciones. Es difícil hacer el bien a quienes nos hacen daño, por eso la Santa Escritura es explicita en exigirlo, como en el texto de hoy. Jesucristo enseñó lo mismo cuando dijo: «¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. […] Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio.» (Lucas 6:33,35) El apóstol Pablo dijo: «No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.» (Romanos 12:21 cf. 1 Pedro 3:8–11).

No podemos hacer el bien perfectamente pues nuestra naturaleza pecaminosa contamina el bien que hacemos. Solo gracias a Jesucristo, quien siempre hizo lo bueno perfectamente, es que Dios acepta nuestras buenas obras como si fueran perfectas y solo gracias a su sacrificio en la cruz, el Señor nos ve limpios de pecado. En gratitud a la misericordia divina vamos a querer hacer el bien sin mirar a quien.

Oración:

Concédeme, Señor Jesucristo, el querer mantener mi mirada en ti y en tu obra redentora para mi salvación, de manera que en mí haya tal gratitud que me mueva a compartir el evangelio a los demás y a celebrar santamente tus hechos poderosos con una vida consagrada a ti. Te suplico me afirmes en la verdadera fe, por tus medios de gracia, para perseverar siendo creyente. Amén.

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