(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 32:1–21, Mateo 10:34–39)

PARADOJAS

[Jesús dijo:] No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada.

—Mateo 10:34

«Shalom lajem», «pax vobiscum» significan «la paz este con ustedes», en hebreo y latín respectivamente. Jesucristo usó este saludo en muchas ocasiones y los apóstoles también. Así se expresaba el deseo de que no falte la paz desde tiempos del Génesis, (Juan 20:21 cf. Filemón 3; Génesis 43:23). Entonces, ¿Por qué Jesús afirma que no vino para traer paz a la tierra? Tal como lo registra el evangelista: «No crean que yo he venido a traer paz al mundo; no he venido a traer paz, sino guerra. He venido a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; de modo que los enemigos de cada cual serán sus propios parientes.» (Mateo 10:34-36, DHH).

En la Biblia no es inusual que encontremos expresiones que, a nuestro juicio, son contradictorias. Por ejemplo leemos que «Salomón declaró: «Señor, tú has dicho que habitarías en la oscuridad» y que «Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad» (1 Reyes 8:12 cf. 1 Juan 1:5; Éxodo 20:21). Sin embargo, cuando esas expresiones son examinadas en contexto, la aparente contradicción desaparece. A estas aparentes contradicciones usadas en la Biblia llamamos paradojas.

Jesucristo, el príncipe de paz, vino para establecer la paz con Dios. Lo hizo al vivir en perfecta obediencia a la ley de Dios y al entregar su vida justa en pago por el pecado que nos enemistaba con Dios (Colosenses 1:20). Sin embargo, no todos quieren esa paz. El primero que la rechaza la paz de Cristo es Satanás y para contrarrestarla entró en guerra contra el pueblo de Dios. El mundo quiere paz, pero no la paz con Dios. Inclusive nuestra propia carne se rebela contra esa paz. Aún así la paz que Cristo consiguió es firme, eterna e imperturbable. Nada la destruirá. Es paz eterna (Filipenses 4:7). Puesto que nosotros mismos estábamos enemistados con Dios, pero por Cristo hemos sido reconciliados, en gratitud vamos a querer ser sus mensajeros de paz (Hechos 10:36).

Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, lleve tu amor. Donde haya ofensa, lleve tu perdón. Donde haya discordia, lleve tu paz. Donde haya duda, lleve la fe. Donde haya error, lleve la verdad. Donde haya desesperación, lleve tu consuelo. Donde haya tinieblas, lleve tu luz.

Oración:

Oh, maestro, concédeme que yo no busque tanto ser consolado, como consolar; Ser comprendido, como comprender; Ser amado, como amar. Porque, sólo por tus méritos es que: Dando, recibimos; perdonando, somos perdonados; y muriendo, somos resucitados a la Vida Eterna. Amén.

(Adaptado de «Oración sencilla», Revista «La Clochette» 1912. Autor anónimo)

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