EL AUTOR DE LA SANTIFICACIÓN

Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Yo anuncié, y salvé, e hice oír.

– Isaías 43:11-12

La Biblia enseña que Dios es el autor de nuestra salvación desde el principio hasta el final. Él nos escogió para ser suyos antes de la fundación del mundo. Dios, el Padre, anunció la salvación personalmente a Adán y Eva y a través de los profetas al resto de las personas. Dios, el Hijo, ganó la salvación para nosotros con el mérito de su obediencia activa y pasiva en sustitución nuestra. Dios, el Espíritu Santo, abrió los oídos espirituales de quienes llegaron a ser creyentes para regalarles el perdón obtenido, la fe salvadora y la vida eterna y hasta el fin del mundo estará obrando en nosotros a través de los medios de gracia (el evangelio en la palabra y los sacramentos: el bautismo y la Santa Cena), conservándonos por medio de la fe en Cristo para la vida eterna.

De Dios es todo el mérito por nuestra salvación. El esfuerzo humano, las obras humanas, y el mérito humano están excluidos de lo que la Biblia enseña acerca de nuestra salvación (la santificación en el sentido amplio). ¡Cuán agradecidos estamos porque así es! Si tuviéramos que contribuir una sola obra para nuestra salvación, nunca estaríamos seguros de ser salvos. Nunca sabríamos si hubiéramos cumplido lo suficientemente bien lo que teníamos que hacer.

De igual manera, solo Dios es el autor de la vida santa de los cristianos y solo a él le pertenece la gloria por ello. No habría ninguna nueva vida en nosotros si no fuera por la obra de Dios. Cuando estábamos muertos en el pecado, el Señor nos dio vida en Cristo (Efesios 2:5). A causa de la nueva vida que Dios creó en nosotros cuando nos trajo a la fe, nos da la habilidad de cumplir su voluntad: «Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad» (Filipenses 2:13).

Dios nos da tanto la voluntad para seguir sus mandatos como el poder para cumplirlos. Los cristianos son los únicos que quieren y hacen la voluntad de Dios, pero solo Dios es quien hace posible que todo esto ocurra. Pablo nos lo explica así: «Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica» (Efesios 2:10). El apóstol Pablo enseña que los cristianos cooperan con Dios en su vida santificada (2 Corintios 6:1). Pero no cooperamos con Dios en igualdad de condiciones pues sólo cooperamos con él porque nos ha dado el poder y el querer para que lo hagamos.

Oración:

Señor, te suplico que tu Espíritu Santo me ayude. No dejes que del camino al cielo me aleje. Sé tú la fuerza en mi debilidad; haz que mi corazón te sirva conforme tu voluntad. Amén..