JEHOVÁ, EL DUEÑO DEL UNIVERSO 

 De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan, 

 —Salmo 24:1, RV1995 

Cuando Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado, «lo llevó el diablo a un alto monte y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Le dijo el diablo: 

—A ti te daré todo el poder de estos reinos y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada y a quien quiero la doy. Si tú, postrado, me adoras, todos serán tuyos.» (Lucas 4:5-8, RV95)  

 

Basados en esta conversación no faltan quienes afirman que Satanás es el dueño del mundo y su riqueza. Inclusive algunos argumentan que, puesto que Jesús no negó lo que Satanás dijo, es suficiente evidencia de que decía la verdad. Jesús advierte que el diablo «no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira.» La pretensión de Satanás de ser el dueño de la tierra y de sus habitantes es una más de sus múltiples mentiras. Esto es evidente pues el Rey David afirma, con meridiana claridad, que Dios es el dueño del planeta, y de todo lo que hay en él. Es lo mismo que Moisés escuchó: «De Jehová, tu Dios, son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todas las cosas que hay en ella.» (Deuteronomio 10:14), algo que el rey babilonio Nabucodonosor aprendió de una manera muy dolorosa (Daniel 4:25) y que el apóstol Pablo reconoce cuando escribe: «del Señor es la tierra y todo cuanto en ella hay» (1 Corintios 10:26) 

 

La idea de que el planeta pertenece a Satanás y de que los cristianos somos enviados a rescatarla para Dios no proviene de la Biblia. El creador de los gobiernos mundiales es Dios mismo, no Satanás. «Porque no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas» (Romanos 13:1). Cristo no mandó a sus siervos a «conquistar la tierra» pues él nunca tuvo la intención de establecer un reino terrenal. Él dijo terminantemente: «Mi Reino no es de este mundo». Cristo envió a sus siervos por todo el mundo, no para conquistarlo y gobernarlo políticamente, sino para anunciar la buena noticia de salvación y para hacer discípulos de Cristo. No es atribución de la iglesia decir a los gobiernos cuáles leyes aprobar ni como gobernar. Nosotros, la iglesia, en gratitud a la redención que Cristo obró para salvarnos, vamos a querer distinguir, diferenciar la misión de los gobiernos de la misión de la iglesia. 

Oración:

Señor, tú nos llamaste para ser tus testigos, quienes anuncian tu amor misericordioso por toda la tierra. No permitas que caigamos en la tentación de pensar que nuestra misión es otra diferente a la de amarte a ti y a nuestro prójimo y la de expandir tu mensaje por el mundo entero. Amén.

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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