LA TARIFA HA SIDO PAGADA

Dios lo ofreció [a Jesús] como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre. Romanos 3:25

Una noche, cuando volvíamos a nuestra habitación, abordamos un bus urbano en la ciudad de Mainz, en Alemania, y subimos por la puerta trasera. De inmediato, el conductor nos gritó y no se calmó hasta que le presenté el pasaje del día que nuestro hijo había comprado para nosotros. El conductor tenía razón: uno tiene que pagar para subir al bus.

Ese mismo principio se aplica en el camino al cielo: alguien tiene que pagar el boleto; solo que esta vez fue el eterno Hijo de Dios quien hizo el pago. Dios es un Dios santo que no puede limitarse a guiñar el ojo ante el pecado, como si no lo tuviera en cuenta. No puede sencillamente barrer mis muchas trasgresiones debajo de la alfombra como si no tuvieran importancia. La Escritura dice muy claramente que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). El precio que se exigía era enormemente alto. Una vez más, la Biblia dice enfáticamente: “sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Hebreos 9:22). La tarifa del autobús al cielo no era barata; le costó a Dios lo mejor que tenía: su propio Hijo. Jesús pagó mi pasaje al cielo con su santa y preciosa sangre.

¿Cómo consigo un tiquete para ese precioso autobús? “Por medio de la fe en su sangre”, me dice Pablo. Así como mi hijo pagó el tiquete para aquel bus en Mainz, el Hijo de Dios pagó el precio y me dio el pasaje al cielo. La fe que el Espíritu de Dios obra en mí por medio del evangelio se aferra a Jesús y muestra mi confianza en él cuando alguien me desafía. Voy de camino a mi hogar, gracias a la misericordia de Dios en Cristo Jesús.

Oración:

Señor, te doy gracias por el pago de mis pecados. Te pido que me ayudes a conservar el tiquete gratuito al cielo que tú me diste. Amén.