“Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (Juan 20:31)

¡UNA PRUEBA CON UN PROPÓSITO: CREER!

Hay 1,189 capítulos en la Biblia: 929 en el Antiguo Testamento y 260 en el Nuevo Testamento. Mi Biblia tiene 1,635 páginas de texto. La Biblia es un libro de buen tamaño, que contiene una riqueza de conocimiento. ¿Qué tienen todos esos capítulos, esos relatos históricos de Adán, Abrahán, Rut, David, Ester, Jesús, Pablo y Juan en común? ¿Acaso son solo documentos históricos interesantes? ¿Son una fuente de lecciones sobre moralidad? Son mucho más que eso.

Todo el Antiguo Testamento prepara el escenario para la venida de Cristo. Nos narra la promesa de Dios de un Salvador por medio de una nación que con frecuencia fue rebelde y terca. El Nuevo Testamento nos relata las promesas de Dios cumplidas en Jesús. Juan realmente resume el tema de toda la Biblia con sus palabras: “Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”.

Toda la Biblia, incluyendo el evangelio de Juan, no fue escrita sencillamente para documentar que una persona con el nombre de Jesús existió una vez. Dios hizo que este relato de Jesús fuera escrito a fin de confirmar que “Jesús es el Cristo”. Él es el mensaje de los pastores en las afueras de Belén: “Les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). Pero la Biblia confirma que Jesús es el Hijo de Dios. Lea todo el Evangelio de Juan y destacará un tema central. Juan intenta establecer un tema por encima de todo lo demás: Jesús es el Hijo de Dios.

¿Por qué es este pensamiento tan importante? La divinidad de Jesús es el centro de atención del cristianismo. Si Cristo no es el Hijo de Dios, no es el Salvador. Las Escrituras están escritas para convencernos absolutamente de la identidad de Jesús, para quitar cualquier duda persistente de su divinidad. Por medio del poder de esa palabra, el Espíritu Santo hace que creamos que “Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”.

Crea usted esta verdad con todo su corazón. Medite en el documento divino para mantener su enfoque en Jesús y quién es él y cuál es su propósito. Jesús, el Hijo de Dios, es el centro y el punto de atención de su vida como hijo de Dios.

Oración:

Padre celestial, permite que siempre crea tu palabra de que Jesús es el Cristo, tu hijo, mi Salvador del pecado, de la muerte y del infierno. Amén.

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