LA LETRA MATA, ¿DE QUÉ MANERA?

Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

– 2 Corintios 3:6

Son bastantes las personas que usan la Biblia como un amuleto. Algunos la colocan en las ventanas o puertas para evitar que los ladrones entren a sus casas a robar. También son muchos quienes la usan como una insignia que los identifica como no católicos. Dios inspiró la Biblia para que personas de todo el mundo la lean, estudien, y aprendan. Sin embargo, algunos de ellos tienen miedo leerla porque entendieron mal el versículo que dice: «la letra mata, pero el Espíritu da vida».

Afirmar que la letra mata si leemos la Biblia es torcer la Palabra de Dios. Cuando el apóstol Pablo habla de la letra que mata se refiere al pacto de la letra. ¿Qué es ese pacto de la letra? Ese pacto es la ley. Pablo no deja lugar a dudas pues dice que ese pacto «estaba grabado con letras en piedra». Sí, es verdad; la ley de Dios mata pues condena al hombre a la muerte por su pecado. Del mismo modo también el contexto aclara a qué se refiere Pablo cuando escribe que «el Espíritu da vida» pues nos dice que se trata del «ministerio que trae la justicia». Lo único que trae justicia, es decir, que nos declara justos es el evangelio.

Dios usa la ley y el evangelio para salvar a las personas. La ley sirve para mostrarnos nuestro pecado y ayudarnos a tener conciencia de sus consecuencias. Cuando esto sucede, sabemos que necesitamos la salvación, entonces Dios usa el evangelio para otorgarnos la fe salvadora por la que los beneficios de la redención obrada por Cristo nos son adjudicados. Con la ley la letra mata, con el evangelio el Espíritu da vida. Agradecidos al Señor por la ley y el evangelio vamos a querer apreciar ambos dones que vienen del Señor usando la ley en los demás y en nosotros mismos para hacer morir a nuestro viejo Adán y el evangelio para vivificar nuestra nueva criatura (Colosenses 3:5, 9-10)

Oración:

Misericordioso Dios, te doy gracias porque con tu ley me revelas lo pecador que soy y me muestras el castigo que merezco. Pero con tu evangelio me muestras todo lo que hiciste para salvarme y darme la vida eterna. Amén.