(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 9:2–29)

VESTIDO DE GALA

Josué, que estaba cubierto de vestiduras viles, permanecía en pie delante del ángel. Habló el ángel y ordenó a los que estaban delante de él: «Quitadle esas vestiduras viles». Y a él dijo: «Mira que he quitado de ti tu pecado y te he hecho vestir de ropas de gala». Después dijo: «Pongan un turbante limpio sobre su cabeza».

—Zacarías 3:3-5, Reina Valera 1995

El apóstol Pablo pregunta: «¿Y qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?». (1 Corintios 4:7). Por su parte el patriarca Job confesó: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!» (Job 1:21). La Biblia afirma con impactante claridad: «De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan» (Salmos 24:1). Si Dios es a quién pertenecen todas las cosas ¿Acaso no hay algo que nos pertenezca por entero? La respuesta es: Sí, hay una cosa que nos pertenece por entero. ¿Cuál será?

La única cosa que nos pertenece totalmente es nuestro pecado. Sí, cada pecado cometido por nosotros es absolutamente nuestro, del mismo modo que nuestra tendencia al pecado también es totalmente nuestra. Igualmente, nos pertenece por entero, la consecuencia por nuestro pecado: la condenación eterna en el infierno, también llamada muerte segunda. Según la Biblia, la muerte segunda no es un estado de inconsciencia ni de inexistencia. Todo lo contrario, es una calamitosa existencia en estado de putrefacción eterna en condiciones por demás indeseables, tal como lo describen Jesucristo mismo, Isaías y el apóstol Juan (Marcos 9:45-48; Isaías 66:24; Apocalipsis 14:11; 20:14-15). Este pecado y pecados que nos pertenecen por entero están representados en las vestiduras viles que Josué viste en el capítulo 3 de Zacarías. La condición de Josué es la misma que la de todos nosotros. Delante de Dios somos abominables y aún nuestras buenas obras le son como trapo de inmundicia, solo merecemos toda su ira (Isaías 64:6). Pero gracias a Dios, Jesucristo vino para ser nuestro doble sustituto y así poder estar vestidos con sus méritos: su obediencia perfecta a la ley de Dios y su muerte vicaria a favor de nosotros (Romanos 5:8,18-19). La vestidura de gala que es dada a Josué en el texto que hoy meditamos, y que también viste la esposa del cordero en Apocalipsis 19:8, no es otra cosa que el ser declarados justos por la justicia de Cristo. Puesto que esta justicia no es propiamente nuestra es llamada justicia ajena. En gratitud vamos a querer hacer obras buenas, no para ganar el cielo, sino porque queremos ser agradecidos por haber sido beneficiados con lo que no merecemos: la salvación.

Oración:

Concédeme, Señor, una congregación bíblica para oír tu verdad todos los días de mi vida, y contemplar tu hermosura en el evangelio de los medios de gracia y para meditar tu palabra de modo que pueda conocerte más y más. Amén. (SAL.27:4)

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