“Lleno del Espíritu Santo, Zacarías, su padre [de Juan], profetizó” (Lucas 1:67).

SE DISIPAN LAS DUDAS 

Al joven estudiante le preocupaban las dudas y las preguntas acerca de su fe. Uno de sus maestros tenía la reputación de tener todas las respuestas, por lo que el estudiante acudió a él y desahogó sus problemas. Pero el maestro le contestó: “Si contestara todas esas preguntas, solo llevarían a otras. Hay una mejor manera. Mira a Jesús, y concéntrate en lo que ha hecho por tu salvación”. El estudiante era Merle d’Aubigné, quien se convirtió en un célebre historiador de la Reforma.

Un sacerdote llamado Zacarías podría haberse identificado con la experiencia de d’Aubigné. Un día, mientras Zacarías servía en el templo en Jerusalén, el ángel Gabriel apareció y le dijo que él y su esposa tendrían un hijo. Zacarías dudó que esto pudiera ser verdad. “¡Yo estoy ya muy viejo, y mi esposa es de edad avanzada!” (Lucas 1:18). A causa de que Zacarías dudó, el ángel le dijo que no podría hablar hasta después de que naciera su hijo.

La esposa de Zacarías, Elisabet, dio a luz a un niño. Para Dios nada es imposible. Al octavo día del nacimiento del niño, cuando se reunieron para circuncidarlo, los miembros de la familia le iban a poner al niño el nombre de su padre, Zacarías. Sin embargo, su madre dijo: “No, va a llamarse Juan” (Lucas 1:60). Zacarías, todavía sin poder hablar, pidió una tablilla y escribió: “Su nombre es Juan” (Lucas 1:63). (El nombre Juan significa “El Señor es misericordioso”.) Desde luego, este niño llegaría a ser Juan el Bautista, el precursor de Jesús.

No había terminado de escribir Zacarías estas palabras cuando pudo hablar otra vez, y comenzó a bendecir a Dios. Lleno del Espíritu Santo, cantó un cántico de alabanza al Señor por acordarse de la promesa misericordiosa de un Salvador del pecado. El Señor disipó las dudas de Zacarías, no explicándole a Zacarías cómo la gente anciana podía tener un niño, sino centrando su atención en el Salvador para cuya venida este Juan prepararía al pueblo.

Cuando contemplamos las grandes verdades de la Navidad, pueden surgir dudas parecidas a las de Zacarías. ¿Realmente se hizo Dios hombre? ¿En verdad nació Jesús milagrosamente de una virgen? ¡Sí, lo hizo; y sí, nació de una virgen! El Señor disipa nuestras dudas ahora también, dirigiéndonos al propósito de todo: Cristo nació para morir por nuestros pecados y para resucitar para nuestra salvación.

Oración:

Padre celestial, a medida que nos preparamos para la Navidad, disipa todas nuestras dudas, centrando nuestra atención en el propósito del nacimiento de tu Hijo en Belén: ser el Salvador del mundo. Amén.