“Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios”. (Mateo 5:8)

LOS QUE TIENEN UN CORAZÓN LIMPIO SON BIENAVENTURADOS

Dios siempre ha estado más interesado en lo que hay dentro de una persona que en la apariencia externa. Se interesa en nuestros corazones. El corazón es el ser más íntimo de una persona y es el origen de nuestras acciones. Si el corazón de una persona está limpio, su vida estará limpia. Jesús dice que un corazón limpio es una de las señales de ciudadanía en su reino.

¿Pero es posible que haya corazones limpios? Los corazones limpios son aquellos que han sido lavados en la sangre de Cristo. Los corazones limpios han conocido el poder del Espíritu Santo para hacerlos santos. Los limpios de corazón, como el salmista David, han aprendido a orar: “¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio!” (Salmo 51:10). Los corazones y vidas limpios sirven a Dios. Son los corazones de las personas honestas, es un placer negociar con ellas porque tienen un corazón limpio.

Esos corazones, a causa de Jesús, verán a Dios. Lo verán en la belleza del mundo que nos rodea y al final de su vida verán a Dios cara a cara. Verán a Dios en toda su gracia y gloria cuando estén ante él. Comparten la confianza de Job, que dijo: “Y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán” (Job 19:26,27).

Oración:

Querido Salvador, ayúdanos a poner nuestra mirada en nuestro hogar celestial donde te veremos cara a cara. Amén.

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