NI SIQUIERA SE LEVANTA DE SU ASIENTO

«El rey de los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos.» (Salmo 2:4).

¿Qué podemos hacer? El mundo en el que tenemos que nadar está cada vez más contaminado. Todo alrededor de nosotros: en el cine y en la televisión, en los avisos y los anuncios publicitarios, incluso dentro de algunas iglesias, late el atractivo canto de que el hombre puede tenerlo todo, hacerlo todo, ignorarlo todo. Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer? ¿Encoger los hombros y preguntar qué hay de nuevo? ¿Arrojar la toalla y rendirnos? ¿Darle gracias a Dios porque tenemos el cabello gris y no tendremos que ver lo que nuestros nietos tendrán que enfrentar?

¿O debemos unirnos a David en el versículo de hoy? Él levantó los ojos al cielo, y lo que vio lo consoló. Los esfuerzos pecaminosos del mundo no son suficientes para hacer que el que está sentado en el trono celestial abandone su asiento. Esos débiles esfuerzos para hacer guerra contra él y los suyos solo son suficientes para hacerlo reír. El Todopoderoso que lo gobierna todo nunca ha escuchado nada tan chistoso como la vana jactancia del hombre. Nunca ha visto nada tan gracioso como los incompetentes intentos de la humanidad para arreglárselas sin él.

Desde luego, los tiempos son malos; pero no vamos a rendirnos. ¿Por qué deberíamos hacerlo? Vamos a ganar. El que está sentado en los cielos se ríe, y nosotros con él. Su Palabra permanecerá firme. Sus caminos perdurarán. Y cuando el polvo se asiente en el futuro tal como en el pasado, lo que veremos será la victoria.

Oración:

Oh, Señor Dios Todopoderoso, fija nuestra fe en ti, para que tengamos consuelo en medio de la agitación de esta vida. Amén.