TÚ ERES MI HIJO AMADO

Un día en que todos acudían a Juan para que los bautizara, Jesús fue bautizado también. Y mientras oraba, se abrió el cielo, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma de paloma. Entonces se oyó una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo.»

—Lucas 3:21,22

Cada año, el segundo domingo de enero celebramos el bautismo del Señor. Eso muestra que no estamos empeñados en honrar fechas o aniversarios sino, más bien, lo eventos relevantes que tienen que ver con la vida y ministerio de nuestro Señor Jesucristo y con la iglesia que él ha edificado. ¿Por qué es importante rememorar el bautismo de Cristo?

En el Antiguo Testamento Dios prometió un nuevo pacto, la venida del Mesías y la redención de la humanidad. Cuando Cristo nació importantes eventos sucedieron que anunciaron que el Cristo había llegado. Sin embargo pasaron muchos años antes que el Mesías sea dado a conocer públicamente. Por 30 años Jesús vivió en obediencia perfecta a la voluntad de Dios como sustituto de la humanidad a fin de que por esos méritos podamos ser declarados justos (Romanos 5:18-19) Sin embargo para que él pueda dar a conocer públicamente la razón de su venida tenía que ejercer su ministerio publico con la clara aprobación divina. Por esto Dios envió a Juan el bautista para preparar tan importante evento.

Juan predicaba bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Cada persona al ser bautizada reconocía que al pecar había roto el pacto con Dios y merecía la condenación eterna, pero que ahora estaba arrepentida y quería entrar en el nuevo pacto con Dios que sería celebrado ya no con un cordero simbólico sino con el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús no necesitaba ser bautizado pues nunca pecó. Pero él vino también para sufrir como sustituto nuestro el castigo que merecemos por nuestro pecado. Al insistir en ser bautizado, quiso que resalte la importancia del bautismo para el pueblo de Dios. La Biblia enseña que Jesús tomó deliberadamente nuestro lugar, tal como el Padre le había encomendado. «Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.» (2 Corintios 5:21). El resultado de esta magnífica salvación obrada por Jesús nos es suministrado en el bautismo.

Después del bautismo de Jesús Dios, el Padre, habló desde el cielo revelando dos cosas del nuevo pacto: 1) Cristo es el único que agradó a Dios pues cumplió perfectamente la voluntad de Dios; 2) Cristo es el Hijo de Dios y con el Padre y el Espíritu Santo son el verdadero Dios con el que se establece el nuevo pacto. De ahí que Jesucristo mandara a sus discípulos bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración:

Señor, te doy gracias por Jesucristo, mediador del nuevo pacto y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Amén

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