REPELENTE PARA EL PECADO

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. Salmo 119:11

“¿Dónde está el repelente de mosquitos?”, le pregunté a mi esposa mientras entraba de prisa a la casa. Yo había estado trabajando afuera, en los arbustos del patio, y los mosquitos casi me habían llevado a rastras.

El pecado es mucho peor que la picadura de un mosquito; su veneno hace que mi alma tenga un gran escozor por más que solo un rato. Cuando el pecado me pica, las consecuencias pueden durar para siempre. Yo camino por la vida, si soy una persona pensante, rascándome para tratar de quitarme la horrible picazón del pecado en mi alma, y temo que llegue el final de mi vida porque con ella vienen los tormentos eternos en el infierno.

Mi esposa sacó de la estantería el repelente “no pica” y con su aplicación se alivió un poco la picazón, pero no por completo. Al día siguiente todavía estaban ahí las manchas rojas. El repelente “no pica” que Dios nos ofrece es muy diferente. El pago que hizo Jesús por el pecado hace más que solo aliviar un poco la picadura; la quita por completo. Su sangre no solo alivia las manchas, las quita, como si no hubieran estado nunca ahí.

Después, mi esposa me entregó el repelente; cubierto con él, pude volver a mi trabajo. Así es también con la palabra de Dios; cuando rocío una generosa cantidad de la Palabra de Dios en mi alma, el pecado ya no puede picarme tanto, Sin embargo, tengo la necesidad de aplicarme la Palabra de Dios con regularidad, si quiero protección. Es por eso que el salmista escribió: “En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti”.

Oración:

Señor, te pido que me cubras con el perdón de Jesús cuando el pecado me pique, y con su poder cuando el pecado zumbe cerca. Amén.