EL CARÁCTER DE DIOS

[Jonás] oró a Jehová y le dijo:

—¡Ah, Jehová!, ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal.

Jonás 4:2-4, Reina Valera 1995

El libro de Jonás pudo haber terminado con el arrepentimiento de Nínive y el perdón que Dios les dio. Pero no es así, porque al profeta Jonás no le agradó el resultado. A él le hubiera gustado más un final, semejante al de muchas películas de acción, en el que todo termina estrepitosamente destruido. Puesto que quería estar en primera fila, «Jonás salió de la ciudad y se fue a un lugar desde donde podía verlo todo. Luego cortó unas ramas y construyó un refugio para protegerse del sol. Se sentó bajo la sombra, y se puso a esperar lo que iba a pasarle a la ciudad.» (Jonás 4:5, Biblia: Traducción en lenguaje actual).

A medida que el día avanzaba, Jonás fue decepcionándose cada vez más hasta quedar destrozado y ardiendo de rabia. Jonás concibió la misericordia de Dios para Nínive como algo extremadamente malo y ardiendo de ira, como si fuera un juez, condenó a Dios. Jonás quería el amor y la compasión de Dios solo para su pueblo. Por eso, en su prejuiciada manera de pensar, concluye que Jehová cometió un gran error cuando mostró amor y compasión por Nínive y no ejecutó el castigo con que la había amenazado. A diferencia del profeta Elías que pidió al Señor que lo dejara morir, al pensar que había fracasado en su misión para Jehová (1 Reyes 19), ¡Jonás buscó la muerte porque su misión había tenido éxito! Jonás sabía que Dios es misericordioso, pero no estaba de acuerdo con ello. Quería un Dios del cuál cantar alabando su poder y grandeza y exaltando sus grandes victorias. No quería al Dios que gobierna desde la cruz. Ciertamente Jonás erraba. Pero Dios amaba a Jonás e iba a corregirlo para que tal modo de pensar no lo arrastre a la impenitencia y a la muerte espiritual.

Como Jonás, siendo creyentes, imaginamos a Dios de acuerdo con nuestras preferencias. Tal imagen mental no es el verdadero Dios, sino un ídolo y creer en el tal es pecado de idolatría. Dios quiere que le conozcamos tal como él se ha revelado en la Biblia. Por causa de nuestra naturaleza pecadora no podemos hacerlo perfectamente como él lo demanda. Por los méritos de Cristo hemos sido perdonados de este pecado, pues él adoró a Dios tal cual y sufrió el castigo que merecemos. En gratitud vamos a querer conocer a Dios y adorarle tal como es (Filipenses 3:9-14).

Oración:

Concédeme, Señor, una congregación bíblica para oír tu verdad todos los días de mi vida, y contemplar tu hermosura en el evangelio de los medios de gracia y para meditar tu palabra de modo que pueda conocerte más y más.  Amén. (Sal. 27:4)

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