EL PACTO DE PAZ

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto.

– Jeremías 31:31

¡Hagamos un trato! Muchas actividades humanas serían imposibles sin acuerdos. Dios también hace tratos que son llamados pactos y testamentos. La palabra testamento ilustra mejor el tipo de tratos que Dios hace. En los acuerdos, alianzas y pactos todas las partes pueden proponer las condiciones del trato. Pero en un testamento es el testador quien determina tales condiciones. Hay ocasiones en las que Dios hizo pactos incondicionales como cuando prometió a Noé y su descendencia no enviar nunca más un Diluvio como aquél.

El pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel en tiempos de Moisés era condicional. Dios prometió que Israel sería su pueblo especial si ellos guardaban su pacto. La Biblia informa que «todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos» (Éxodo 19:3-8). La mayor parte del Antiguo Testamento nos describe la historia de cómo Israel rompió ese pacto. El profeta Jeremías afirma que Israel invalidó ese pacto de tal manera que solo había lugar para un nuevo pacto. No es nuevo en sentido cronológico, pues Dios proclamó el evangelio desde Genesis 3; sino es nuevo en sentido de mejor calidad y eficacia.

Dios envió a su Hijo para celebrar el nuevo pacto. Pero la mayoría del pueblo, incluyendo el liderazgo, lo rechazó. Al rechazar a Jesucristo, rechazaron la única oportunidad de llegar a ser el pueblo elegido de Dios, su nación santa, y su real sacerdocio. Jesucristo eligió doce apóstoles quienes fueron testigos de la celebración del nuevo pacto prometido por Dios. En la última cena Jesús dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes» (Lucas 22:20). La sangre de Cristo ratifica ese nuevo pacto, tal como hoy lo hace una firma en un papel.

Así como los israelitas eran circuncidados para poder ser admitidos en el antiguo pacto, del mismo modo ahora el bautismo nos introduce en el nuevo pacto. La circuncisión física ya no sirve para entrar al nuevo pacto y por eso judíos como Pablo, Pedro, y Santiago fueron bautizados (Colosenses 2:11-13). El nuevo pacto tiene un nuevo sacerdocio y Jesucristo es el sumo sacerdote. Él envió a los apóstoles, testigos de la celebración del pacto, para darlo a conocer y bautizar a personas de todo el mundo para incorporarlos al pacto. No merecemos ser parte de este pacto. Pero Dios en su misericordia envió a sus siervos para que nos introduzcan en el nuevo pacto y así seamos salvos. En gratitud queremos servir a Dios como su nación santa predicando las buenas noticias de paz.

Oración:

Cordero de Dios, te doy gracias por el nuevo pacto, pues lo hiciste para salvar a la humanidad. También te doy gracias porque gracias al bautismo fui incorporado al nuevo pacto. Concédeme crecer en fe para servirte en gratitud. Amén.