DIOS ES NUESTRO AMPARO 

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. 

Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes.  

 —Salmo 46:1-3 

¿Alguna vez experimentó la angustia de encontrarse en medio de un terremoto? Cuando lo más firme que conocemos, el suelo, se agrieta debajo de nuestros pies, mientras se sacude haciéndonos perder el equilibrio, no tiene nada de agradable excepto el de salir vivos. Quienes vieron la película 2012 tendrán una idea de cómo el planeta entero se desmoronará el día que llegue el fin del mundo. Según la Biblia, ese día será tan terrible la angustia que hasta el más valiente gritará de terror (Sofonías 1:14-18). Pero tal día, los creyentes en Jesucristo no sufrirán ninguna angustia pues para ellos habrá gozo eterno. 

 Sin embargo, a lo largo de los siglos, el pueblo del Señor ha tenido que enfrentar tiempos de angustia. No han sido pocas las persecuciones, en diversos tiempos y lugares, que los creyentes han padecido. La Biblia misma afirma que no solo nos es dado el creer en Cristo sino también padecer por él (Filipenses 1:29; 2 Timoteo 3:12). Pero cuando toca enfrentar espantosos fenómenos naturales o la persecución anticristiana, tenemos la certeza de que no enfrentamos el peligro solos, pues sabemos que «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.» El Reformador Martín Lutero, que en su época enfrentó al poder mundial de la religión, parafraseó el texto del salmo 46 cuando compuso el himno «El Salmo 46. Dios es nuestro Amparo y Fortaleza» y que hoy es más conocido como «Castillo fuerte». Los cristianos lo han cantado innumerables veces, especialmente en momentos de gran peligro.  

 Jesucristo nos mandó: «no teman a los que matan el cuerpo pero después no pueden hacer más. Les voy a enseñar más bien a quién deben temer: teman al que, después de dar muerte, tiene poder para echarlos al infierno […] aun los cabellos de su cabeza están contados. No tengan miedo» (Lucas 12:4-7). Temer a lo que no es el Dios de la Biblia es un pecado contra el primer mandamiento. Por esto merecemos toda la ira de Dios (Apocalipsis 21:8) Jesucristo, como nuestro doble sustituto, fue valiente, confió, temió al Padre y sufrió el castigo que merecemos y lo hizo en lugar nuestro (Hebreos 5:7). En gratitud vamos a querer amar, temer y confiar en Dios sobre todas las cosas. 

Oración:

En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado. Amén. (Salmos 4:8)

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