“Jesús le dijo [a Marta]: ‘Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?’ Le dijo: ‘Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:25-27).

LA FE CONFIESA LA RESURRECCIÓN 

María, amiga de Jesús, estaba afligida por la muerte de su hermano. La forma en que ella trató su profunda pena es un ejemplo maravilloso para los cristianos de hoy en día cuando luchan con sus pérdidas.

Marta y su hermana, María, habían tratado de que Jesús fuera a la casa de ellas cuando Lázaro todavía estaba enfermo. Pero Jesús esperó hasta que Lázaro había muerto. Cuando Jesús se acercó a la casa de ellas, Marta salió corriendo para encontrarlo. Esta reunión le presentó la oportunidad a Jesús para atender a Marta y para que ella confesara su fe. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará” (Juan 11:23). Marta respondió que creía. Jesús luego le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”.

Entonces Jesús le preguntó: “¿Crees esto?”. Él quería que confesara su fe para que ella pudiera escuchar con sus propios oídos dónde estaba su confianza. Ella confesó: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Una cosa es sentarse en la iglesia el Domingo de Pascua y cantar “Yo sé que vive el Salvador”. Pero otra cosa muy diferente es cantar ese himno cerca del ataúd o de la tumba de un familiar o de un amigo. Sin embargo, es lo que hizo Marta, y es lo que cada cristiano hace.

Con mucha frecuencia cuando las personas tienen que asistir a un funeral cristiano, se preocupan. Piensan: “No sé qué decir”. Pero eso es solo una verdad a medias. Tal vez usted no sepa exactamente lo que va a decir para consolar a los cristianos que están afligidos por el ser querido que han perdido, pero sí sabe que puede decir con Marta acerca de los cristianos amados que han fallecido: “Su ser querido resucitará y estará con Cristo, quien es la resurrección y la vida”.

Oración:

Salvador resucitado, permite que confiese tu resurrección en mi vida. Cuando yo o los que me rodean enfrenten la muerte, dame poder para decir: “¡Creo en mi Salvador y sé que es la resurrección y la vida!”. Amén.