NINGUNO ES RECHAZADO

Y al que a mí viene, no lo rechazo. Juan 6:37

“¿Qué está haciendo ella aquí?”, le susurró una de las asistentes a su vecina en la banca de la iglesia. En otro pasillo, una mujer que todo el mundo sabía que tenía muy mala reputación acababa de tomar asiento. ¿Estaba la que susurró actuando bien? La que criticó no sabía que el pastor había animado a la pecadora a que asistiera. Al comienzo de la semana, ella había acudido a su oficina sollozando en arrepentimiento, buscando el perdón por lo que ella sabía que estaba muy mal. “Sus pecados están perdonados”, le aseguró el pastor, y la animó diciendo “venga al culto de adoración el próximo domingo, y escuche más sobre el perdón”.

En este mundo, aunque insistamos en negarlo, establecemos jerarquías en los seres humanos: un poco pecador, más pecador, y mucho más pecador, son las categorías en las que clasificamos a las personas. Y, tristemente, hacemos lo mismo cuando nuestro Señor Jesucristo le da la bienvenida a un pecador. ¿Es que hemos olvidado lo que el mismo Salvador dijo? Él no rechaza a ningún pecador que acuda a él en arrepentimiento; él no tiene un pecadómetro que determine que un pecado es más pesado que otro, ni tiene una lista de los 10 o 20 peores pecados. Solo tiene completo perdón para cada uno.

Ahora que lo pienso, yo no soy mejor que esa mujer sentada en la banca de la iglesia. Me alegro de que Jesús no me diga: “¿Qué estás haciendo tú aquí?”, cuando acudo a buscar su perdón.

Oración:

Señor, te pido que me recuerdes siempre que aunque yo sea el peor de los pecadores, tú derramaste tu sangre por mí. Amén.