(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 8:19–36, Mateo 27:23–31)

EL REINO DEL REY JUSTO

Oh Dios, otorga tu justicia al rey, tu rectitud al príncipe heredero. […]
Que su nombre perdure para siempre; que su fama permanezca como el sol.
Que en su nombre las naciones se bendigan unas a otras; que todas ellas lo proclamen dichoso.

—Salmo 72:1,17

Se cuenta que el rey David dijo a su hijo Salomón: «Como rey enfrentarás muchos desafíos y angustias. Cuando yo ya no esté para aconsejarte abre este cofre dorado al alcanzar tu mayor gloria, éxito y riqueza. Pero este cofre verde debes abrirlo solo cuando, en gran angustia, te sientas tentado a la derrota. Un día Salomón en su mayor gloria abrió el cofre dorado. Dentro estaba escrito: “Esto pasará, no es para siempre”. Mucho después, le llegó el tiempo de angustia abrió el otro cofre, la nota decía: “Esto también pasará, no es para siempre”». Nuestra realidad es efímera, como está escrito: «La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.». (Isaías 40:8).

Sí todo es efímero, excepto Dios y su Palabra. Él es quien establece gobiernos y quien los quita (Daniel 2:21). En el texto de hoy el salmista pide que el Mesías, el rey que prometido por Dios, tenga la misma justicia de Dios y que su justo gobierno dure para siempre y se extienda por todo el planeta. El Señor, quien inspiró las palabras de este Salmo, concedió esas peticiones en Cristo. Él es el único rey que es igual de justo que Dios, el Padre. Su reinado es eterno. No acabará nunca. Pero como él mismo lo profesó delante de Pilato, su reino «no es de este mundo» (Juan 18:36). Sin embargo, su reino llega a toda persona a través de Su Palabra: Con su palabra de ley muestra las exigencias morales de la voluntad divina y anuncia el terrible destino de los pecadores no arrepentidos a fin de conducirlos al arrepentimiento. A los pecadores aterrorizados por la ley los consuela con el evangelio. Así sus bendiciones llenan el mundo entero: En cualquier parte del mundo, los cristianos adoran a Cristo, y le llevan ofrendas como expresión de amor agradecido. Cada día, oran fervientemente por su regreso y lo alaban con salmos, himnos y canciones espirituales. Por todas partes del mundo cristiano se experimentan las bendiciones de la fe, que son: el perdón, la paz con Dios, y gozoso contento espiritual. Dios quiere que todas las personas tengan la oportunidad de vivir la dicha eterna. Por eso ha enviado a Jesucristo como el rey que dio su vida para el perdón de los pecados y que obedeció perfectamente la voluntad divina para que seamos declarados justos. En gratitud vamos a querer obedecerle.

Oración:

Señor, gracias por Jesucristo, nuestro salvador y rey eterno. Pues solo por tu gracia y por sus méritos es que disfrutamos de tus bendiciones y de la vida eterna. Amén.

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