UNA PALABRA DE FINALIZACIÓN

Al probar Jesús el vinagre, dijo: “Todo se ha cumplido.” Juan 19:30

¿Alguna persona ha dejado este mundo habiendo hecho todo? ¿Con toda palabra escrita y todas las metas alcanzadas? Parte de la frustración de la muerte es la sensación de lo que queda incompleto. No así con Jesús. Cuando dio su último aliento, él pudo decir triunfantemente en voz alta: “Todo se ha cumplido.”

¿Qué quiso decir? Tal como los griegos escribieron estas palabras en las cuentas para indicar que ellas estaban pagadas completamente, así Jesús ahora las escribió con la tinta roja de su sangre en la cuenta de nuestros pecados. Él dijo: “Todo está cumplido, pagado en su totalidad.” “No se necesita agregar ni un solo centavo. Yo he pagado todos los pecados; ninguno quedó faltando. Yo he derramado mi preciosa sangre para redimir a todos los pecadores. Y ahora mi obra de salvación está terminada, cumplida.” Jesús desde su cruz volvió su mirada desde el primer pecador hasta el último, y no vio a ninguno por quien él no hubiera pagado.

¡Qué alegría debió haber en el cielo cuando Jesús dijo esta Palabra! El Padre debió haber dicho de nuevo: “Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él” (Mateo 3:17). Los ángeles también debieron cantar de nuevo: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz” (Lucas 2:14), paz hecha posible por la sangre del Hijo de Dios. Y yo, por quien sucedió todo esto, ¿cómo me debo sentir? Cuando mis pecados me alarman, la voz del Calvario responde: “Todo se ha cumplido.” Cuando Satanás trata de arrastrarme tomándome por la nariz, la voz del Calvario responde: “Todo se ha cumplido.” Cuando la muerte me enfría con su aliento helado, la voz del Calvario responde: “Todo se ha cumplido.” Mi Jesús ha vencido, y yo comparto de su victoria. ¡Qué alegría la mía!

Oración:

Señor, en este mundo incompleto, diariamente dame la seguridad de mi completo perdón en ti. Amén.