LOS SIEMPRE INCONFORMES

Vino Juan, que no comía ni bebía, y ellos dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Éste es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.” Pero la sabiduría queda demostrada por sus hechos.

—Mateo 11:18-19

¿Ha tratado de dejar contento a todo el mundo? ¡Es imposible! La gente tiene diversas exigencias. Jesús habla de esto en el pasaje que hoy meditamos.

Cuando vino Juan el Bautista, el rigor era evidente. Juan vivía en el desierto, casi como un ermitaño, apartado de la gente. Su vida fue ascética: se vistió con pelo de camello y cuero, y comió langostas y miel silvestre. Desde el vientre materno vivió como nazareo, nunca bebió vino. La gente lo acusó de estar poseído por un demonio. Por otra parte, Jesús, que apareció casi medio año más tarde, no practicó el ascetismo ni la frugalidad de Juan. No tuvo restricciones particulares en su comida diaria, excepto los requisitos de la ley de Moisés que todos los judíos leales obedecían. Comía lo mismo que los demás y bebía vino como se acostumbraba entonces. Se relacionó con personas de dudosa reputación como recaudadores de impuestos y con los marginados despreciados por sus conciudadanos. La gente lo llamó «un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores», y siendo amigo de pecadores, imaginaron que él también debía ser un vil pecador. Lo que reprocharon a Juan se lo demandaron a Jesús y viceversa. ¿Por qué estaban siempre descontentos?

«Pero la sabiduría queda demostrada por sus hechos» La sabiduría, es decir, aquella verdad divina que Jesús pregonó, nunca estuvo limitada a sus palabras pues la demostró con sus hechos. Jesucristo vivió una vida justa, santa y sin pecado. Ninguno de sus enemigos pudo señalarle ni un solo pecado cuando él los desafió para que lo hicieran. Cumplió su misión en este mundo, haciendo el bien y reconciliando a los pecadores con Dios efectuando la doble sustitución que le costó su vida. La sabiduría que Jesús proclamó transformó el mundo y lo sigue haciendo. ¡Los hechos de Jesús predican con esplendor por sí mismos! (Juan 14:11; Hechos 13:27). Él fue perfecto en lugar nuestro para darnos libre entrada al cielo y con su muerte quitó la condena que nos confina al infierno.

Oración:

Bendito Salvador, sólo tú eres perfectamente obediente a la voluntad divina y tus hechos lo evidenciaron. Mis pecados me muestran cuán imperfecto soy y cuán necesitado estoy de tu misericordia. Gracias por tu compasión. Te suplico me fortalezcas en fe para que, limpiado por ti, lleve fruto para vida etern. Amén.

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