(Lectura de la Biblia en tres años: Deuteronomio 28:15–45, Lucas 4:7–15)

DINASTÍA ETERNA

Yo le daré los derechos de primogenitura,
la primacía sobre los reyes de la tierra.
Mi amor por él será siempre constante,
y mi pacto con él se mantendrá fiel.
Afirmaré su dinastía y su trono
para siempre, mientras el cielo exista.

—Salmo 89:27–29

Cada día escuchamos noticias que hablan de alguna tragedia ocurrida en algún lugar de nuestro planeta: el incremento de la delincuencia, desastres naturales, guerras y sediciones, ataques terroristas, etcétera. Frente a esto, hay quienes toman acciones, ya sea de tipo preventivo buscando la manera de lograr mayor protección frente a estas calamidades; o de índole correctivo para reparar, lo mejor posible, el daño. También los grupos religiosos hacen su cuota parte organizando movimientos de oración buscando que la intervención divina detenga estos males. Sin embargo todas estas cosas ya fueron profetizadas y sucederán de todos modos pues tienen su propósito. ¿Cuál es?

El escritor del Salmo de la meditación de hoy es Etán, el ezraíta, uno de los cuatro sabios mencionados en 1 Reyes 4:31 cuya sabiduría fue solamente superada por Salomón. Dios había prometido que uno de los herederos del trono de David sería rey para siempre (2 Samuel 7:4–17). Pero para el tiempo de Etán, la parte norte del territorio sobre el cual David fue rey, ya había caído. La parte sur, el reino de Judá, estaba bajo el control de los babilonios. Joaquín, el rey heredero del trono de Judá era uno de los exiliados a Babilonia. A simple vista, pareciera que Dios se había olvidado de su promesa. Etán pregunta a Señor ¿Hasta cuándo, Señor, te seguirás escondiendo? ¿Va a arder tu ira para siempre, como el fuego? (v. 46)
No es una pregunta de dolor o frustración, es una pregunta que quiere saber similar a la de la virgen María que quiso saber cómo llegaría a ser madre.

Etán no pudo ver la respuesta del Señor. Pero nosotros tenemos el privilegio de saber que el Mesías ya gobierna eternamente desde su trono en la Jerusalén celestial. Sin embargo, si Cristo reina ya, ¿Por qué hay tanto sufrimiento? Aquí necesitamos ver las cosas con perspectiva celestial. Ningún sufrimiento en esta tierra, por terrible que sea, es comparable a la condenación eterna. Dios quiere que comprendamos que todo sufrimiento aquí terminará. Pero el sufrimiento del infierno jamás termina. Hemos sido salvados de esa condenación por los méritos de Cristo. En gratitud vamos a querer ayudar con prioridad a los demás a ser libres del sufrimiento eterno.

Oracion:

Señor, Por tus medios de gracia afírmame en la verdadera fe para la vida eterna de modo que, en gratitud, evidencie el genuino gozo de tu salvación. Amén.

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