(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 5:1–21, Mateo 16:21–28)

CUANDO LLUEVE SOBRE MOJADO

Ese mismo día el faraón les ordenó a los capataces y a los jefes de cuadrilla: «Ya no le den paja a la gente para hacer ladrillos. ¡Que vayan ellos mismos a recogerla! Pero sigan exigiéndoles la misma cantidad de ladrillos que han estado haciendo. ¡No les reduzcan la cuota!

—Éxodo 5:6–8

Ser parte del pueblo de Dios a veces resulta en mayores dificultades. Tal es el caso de Moisés quien fue enviado por Dios para que hable con el faraón y le diga que tiene que dejar salir de Egipto al pueblo de Israel para que sean adoradores de Jehová. Moisés obedeció pero, en lugar de terminar con la agotadora esclavitud de los israelitas, el resultado fue que la opresión les fue incrementada: ahora no solo tenían que fabricar adobes, tenían además que conseguir la paja para hacerlos.

A los israelitas les disgustó mucho el resultado de las gestione de Moisés y tomaron las cosas en el peor sentido posible. Los israelitas a cargo de las obras les echaron la culpa a Moisés y a Aarón por esta opresión adicional: «Así que al encontrarse con Moisés y Aarón, que los estaban esperando a la salida, les dijeron: «¡Que el SEÑOR los examine y los juzgue! ¡Por culpa de ustedes somos unos apestados ante el faraón y sus siervos! ¡Ustedes mismos les han puesto la espada en la mano, para que nos maten!» (Éxodo 5:20-21). Realmente esperaban lo peor. Lo más extraño es que los israelitas seguían clamando al Dios Salvador para que juzgara a Moisés y a Aarón por estos acontecimientos, aunque sus reacciones muestran que habían perdido toda confianza en Dios. Eso es muy perverso. Nosotros tampoco somos libres de esta clase de pecado, pues cuando nos desalentamos frente a nuestras circunstancias, al parecer negativas, en lugar de adorar al Señor considerando que él hace todas las cosas para nuestro bien, estamos tomando las cosas en el peor sentido. Por eso merecemos toda la ira de Dios. Gracias a Jesucristo, nuestro sustituto tenemos perdón y misericordia. En gratitud vamos a querer vivir en contentos con lo que Dios nos da.

Oración:

Señor, tú eres santo y justo, yo solo soy un pecador tan merecedor de toda tu ira que sin tu gracia no puedo ser salvo. Pero en mi viejo Adán también yo resisto tu gracia y por eso mismo estoy en peligro de que mi fe se debilite. Por el poder del evangelio que viene a mí por tus medios de gracia fortaléceme y guárdame en la verdadera fe para la vida eterna de manera que viva contento en medio de las circunstancias aunque no me parezcan las mejores. Amén.

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