“Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar… aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma” (Mateo 11:28,29)

DESCANSO PARA LOS AGOTADOS

Cada viernes por la tarde, a las 6:00, reinaba la quietud en toda la tierra de Israel. El sábado comenzaba. Durante 24 horas la tierra y su pueblo gozaban del descanso. Ese día de descanso le dio al pueblo una oportunidad semanal para reflexionar en el descanso espiritual que Dios le prometió. Ese descanso vendría del Mesías prometido, el dador del descanso.

¡El mensaje que Dios nos revela en el Nuevo Testamento es que ahora este descanso ha llegado! Jesús nos invita a venir y recibirlo.

Isaías dijo que el Mesías usaría su autoridad y su poder para llevar descanso a su pueblo. Setecientos años antes de que Cristo viniera al mundo como un niño, habló por medio de Isaías y dijo: “Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero… Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida. Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán. Yo haré con ustedes un pacto eterno, que es el de mi invariable misericordia por David” (Isaías 55:1-3).

La invitación que Jesús extiende en Mateo capítulo 11 es el cumplimiento de la profecía de Isaías. Jesús nos invita a ir a él. Es la invitación poderosa del evangelio que en sí tiene el poder para depositar esos dones celestiales en nuestro corazón y en nuestra vida.

Para los agotados que tratan inútilmente de salvarse a sí mismos, ofrece descanso. A los abrumados con el peso de la culpa en sus conciencias, les habla de la gracia. Nos habla de la riqueza de los tesoros del Dios de misericordia, perdón y paz, ahora y por toda la eternidad.

En África del Norte, Agustín luchó por encontrar felicidad y satisfacción. De joven fue desenfrenado y temerario. Al no encontrar felicidad en una vida disipada, se interesó superficialmente en los cultos religiosos que andaban de moda en ese tiempo. Después de andar buscando en vano, por fin escuchó el dulce evangelio de Cristo, y este llegó a su corazón. Escribió el cambio que hizo en él: “Tú, Dios, nos hiciste para ti y nuestros corazones están inquietos hasta que reposen en ti”. El dulce evangelio de la misericordia de Dios en Cristo ha influido igualmente en todos nosotros, que hemos sido bautizados en su nombre.

Oración:

Te alabamos, Dios, por dar descanso a nuestras almas agotadas. Amén. (CC 174:1)

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