LO ALABAMOS POR SU NOMBRE: LA VERDAD

Yo soy … la verdad … Nadie llega al Padre sino por mí. Juan 14:6

El mundo está lleno con toda clase de aparentes verdades. Las personas han escavado las ruinas del pasado, han trabajado clasificando los reinos animal, vegetal, y mineral, han separado átomos, y puesto satélites en órbita. Sin embargo, ninguna de estas así llamadas verdades puede dar la respuesta a la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para ser salvo?

Esa pregunta sólo puede contestarla Jesús. Eso es lo que él afirmó cuando dijo: “Yo soy la verdad.” Notamos lo que él dice. Él no dice: “Yo soy veraz.” Por supuesto que él lo es. El santo Hijo de Dios no puede mentir. Tampoco dice él: “Les diré la verdad.” Los profetas y los apóstoles hicieron eso. Ellos fueron solamente voceros que proclamaron las verdades que les fueron dadas. Jesús es muchísimo más.

Jesús es la verdad misma. Si se tratara matemáticamente diríamos: “Jesús=Verdad”, o “Jesús=Salvación”. Él es la verdad en acción. Él descendió de la eternidad al tiempo, vistió la divinidad con humanidad, durmió en un pesebre, sufrió en una cruz, derramó su sangre como el Dios hombre, y se hizo la verdad de nuestra salvación. Si yo quiero saber cómo ser salvo, hay una sola respuesta: Cristo. Si yo quiero contar a otros cómo ser salvos, hay sólo una verdad que contarles: Cristo. Yo puedo vivir sin muchas de las verdades que presenta el mundo, pero yo no puedo ser salvo sin Cristo.

¡Qué nombre, la Verdad, tiene mi Dios Salvador, uno que merece mi alabanza todos los días de mi vida!

Oración:

Señor, llena mi corazón contigo como mi Salvador, porque así conozco el camino a mi Padre. Amén.