ÉL SABE CÓMO PODAR

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Juan 15:1,2

“Para cosechar buenos tomates, tú tienes que quitar todos los retoños,” solía decir mi padre, porque esas ramas silvestres en la parte baja de la planta le quitan la fuerza y retrasan la producción de los frutos.

En nuestro versículo, Jesús habla de podar lo que quita la fuerza. Dios el Padre es el jardinero que poda las ramas de la vid. Él corta las ramas muertas y las desecha. A las ramas vivas, las que han sido purificadas por la Palabra de salvación, no las deja que crezcan por sí mismas de manera silvestre. Esas ramas necesitan su tierno y amoroso cuidado. Necesitan una poda constante para que un crecimiento silvestre del pecado no les quite su fuerza y ralentice la producción de sus frutos o incluso las convierta en ramas muertas.

Mi Padre celestial sabe exactamente cómo podar. La forma de su podadora puede variar y sus cortes a veces duelen. Pero cada trozo que poda tiene el propósito de hacerme mejor como una rama injertada en Jesús. Por medio de la predicación de su Palabra, él puede recortar mis pecados y acercarme más a él. Por medio de la adversidad que él permite, puede podar mis defectos y llevarme más cerca de él. Por medio de un accidente repentino, por ejemplo, él puede cortar de mí la confianza en mí mismo y hacerme levantar mis ojos a él. En su amorosa sabiduría, el jardinero celestial sabe cuándo y cómo podar para que yo llegue a ser más fructífero como rama de la vid.

Oración:

Señor, te pido que podes de mí todos los brotes de pecado y todo lo que en el mundo me quite la fuerza para que yo sea una rama fuerte que produzca más fruto para ti. Amén.