ÉL LOS CONOCE TODOS

¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente! Salmo 19:12

Después de años de matrimonio, los esposos llegan a conocerse muy bien el uno al otro; a menudo, cada uno puede terminar las frases del otro o predecir lo que va a ordenar cuando salen a comer fuera. Pero las preocupaciones más íntimas muchas veces están en lo más profundo de cada uno. ¿Sé lo que está pensando mi esposa? ¿Conoce ella mis pensamientos más íntimos?

El salmista habla de “errores de los que no estoy consciente”. Esos no son pecados que yo trato de ocultar de mi esposa, sino que están ocultos también para mí; ni siquiera sé que los tengo. Están en mi vida diaria como hábitos consentidos, sin que los reconozca. ¿Se podría decir con seguridad que en mi vida hay más pecados ocultos que los que reconozco? Con mucha frecuencia, los pecados que confieso delante de mi Dios son como los pocos vestidos que se exhiben en la vitrina de un almacén, mientras adentro los estantes están llenos a reventar. O, para decirlo de otra manera, si mis ojos fueran como los de Dios, ¿qué vería cuando me miro a mí mismo?

Dios ve todos mis pecados. Y Dios perdona todos mis pecados, también los que no reconozco. Esa es la belleza de su amor. Dios envió a su Hijo a pagar todos mis pecados, los que conozco y los que no conozco. La sangre de Jesús cubre todos mis pecados, los que confieso por su nombre y los anónimos que no reconozco. Llevo a su cruz los pecados conocidos que me agobian; delante de su cruz confieso también los pecados que están escondidos de mí pero no de él. Los ojos de Dios ven todos los pecados, y también me ven delante de la cruz de su Hijo con todos mis pecados perdonados.

Oración:

Señor, te pido que me des la seguridad de que todos mis pecados han sido completamente lavados por la preciosa sangre de tu Hijo, Jesús. Amén.