SU CORAZÓN SE HIZO EL FIRME PROPÓSITO

Como se acercaba el tiempo de que fuera llevado al cielo, Jesús se hizo el firme propósito de ir a Jerusalén. Lucas 9:51

Cuando mi padre tenía cierta expresión en su rostro, todos sabíamos que ya había tomado una decisión y nada de lo que pudiéramos hacer, decir o pedir lo podría cambiar. Iba a hacer todo como lo había decidido.

“Jesús se hizo el firme propósito de ir a Jerusalén”, dice nuestro versículo. Nada podría detenerlo en su camino a lo que lo esperaba. Él sabía lo que lo esperaba en Jerusalén y fuera de ella en el Calvario; y les había hablado sobre eso a sus discípulos varias veces, por anticipado. El rechazo de los de su pueblo y la traición de su amigo, los juicios apresurados ante la corte de los judíos y ante el juez romano, la corona de espinas y el terrible látigo, la cruel cruz y los clavos que perforan las carnes, el oscurecimiento del sol en el Calvario y las profundidades del castigo del infierno que atormentan el alma; Jesús sabía todas esas cosas. Sin embargo, partió decididamente hacia Jerusalén.

“¿Por qué murió Jesús en la cruz?”, le preguntó la madre a Colter, de cinco años, cuando hablaban sobre su lección en la escuela dominical. Después de un momento de silencio, Colter respondió: “Porque no podía bajarse”. En cierto sentido, ese niño pequeño tenía razón: Jesús tenía más que suficiente poder para convertir su viaje a Jerusalén en algo muy diferente que terminar en la cruz; pero el amor no se lo permitió; su amor por los pecadores lo llevó a la cruz y lo sostuvo en ella. En la cruz, su amor derramó la sangre vital de sus sagradas venas, por pecadores como yo. Había hecho su decisión, y por eso se dirigió a Jerusalén.

Oración:

Señor, te pido que fijes firmemente los ojos de mi fe en la cruz de Jesús, como la única salvación para los pecadores. Amén.