“Pero Tomás, uno de los doce, conocido como el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Entonces los otros discípulos le dijeron: ‘Hemos visto al Señor’. Y él les dijo: ‘Si yo no veo en sus manos la señal de los clavos, ni meto mi dedo en el lugar de los clavos, y mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:24,25)

UNA NUEVA VISIÓN DE LA MUERTE

¿Qué es la muerte? La mayoría de las definiciones consideran la muerte como un final, el fin de la vida, el fin de las funciones biológicas, cuando todo ha terminado y está hecho.

Cristo nuestro Salvador murió y cambió la visión que teníamos de la muerte. No cambió la naturaleza científica o física de la muerte, sino cambió radicalmente el aspecto espiritual de la muerte. Cuando Cristo murió, quitó la causa original de la muerte. Y porque él murió por todos, la muerte ha sido conquistada para todos.

La muerte comenzó cuando el pecado entró en el mundo, y puesto que el pecado pasa de una generación a otra, también la muerte. Cristo vino y rompió el ciclo mortal. Cuando él murió, tomó el lugar de todos y experimentó de una vez por todas la muerte, que es el castigo justo del pecado. Llevó los pecados del mundo y pagó por ellos muriendo no únicamente de manera física, sino sufriendo la ira del Dios santo contra el pecado. Eso es lo que cambió todo y nos dio una vida y una visión completamente nuevas de la muerte.

La visión antigua y natural de la muerte es una experiencia espantosa y atroz. Antes de que Jesús conquistara la muerte para nosotros, esta pendía sobre nuestras cabezas como una realidad amenazadora. Y lo peor de todo, trajo a nuestra mente el problema de encontrarnos cara a cara con Dios, a quien ofendemos de muchísimas maneras.

Ahora tenemos una visión nueva de la muerte. Todavía nos asusta, a pesar de que ha sido conquistada, pero ahora sabemos que cuando muramos, no vamos a ser castigados. La muerte de Cristo se encargó de esa clase de muerte para nosotros. Ahora podemos verla como el camino a una vida nueva. Nuestra muerte, gracias a la muerte y resurrección de Cristo, no es nada más que un dormir del cual despertaremos totalmente refrescados y glorificados, para vivir en las mansiones eternas que Jesús fue a preparar para nosotros.

Cuando Cristo murió, resucitó y nosotros también lo hicimos. Morimos con él en lo que respecta al pecado; cuando fuimos bautizados, fuimos sepultados con él y resucitamos con él a una vida nueva. Ahora no vivimos para nosotros mismos. ¿Por qué debo vivir para mí mismo? ¿Qué he hecho o qué podría hacer para merecer ser el centro de mi vida?

Oración:

Jesús hizo mucho más de lo que podíamos haber esperado o imaginado. Conquistó el pecado, la muerte y el infierno para nosotros. ¡Vivamos para él! Jesús, te agradezco por conquistar la muerte para mí. Viviré para ti. Amén.

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