UNA PALABRA DE CONFIANZA

¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Lucas 23:46

Una tormenta repentina hace que el niño temeroso gatee hasta la cama de sus padres. Mucho peor sería la tormenta de la muerte si no fuera por la última frase de Jesús en la cruz.

Él comenzó: “Padre”, hablando con confianza como el Hijo a su Padre. En la oscuridad de la tarde, cuando la batalla había terminado, la cabeza de Satanás aplastada, el infierno conquistado, Jesús se dirige a su Padre amoroso. ¡Qué seguridad para mí! A veces el pecado puede convertirme en un pródigo y las dificultades pueden llevarme a dudar, pero la última Palabra de Jesús me consuela. A pesar de todo lo que hay en mí o acerca de mí, todavía Dios sigue siendo mi Padre.

Jesús continuó: “En tus manos encomiendo mi espíritu.” Yo muero porque yo no puedo prolongar la vida ni medio segundo. No es así con Jesús. Cuando su trabajo de salvación fue consumado, él entregó su alma en las manos de su Padre. ¡Qué seguridad para mí! Con la deuda del pecado pagada, ahora la muerte es una abeja sin aguijón. Cuando venga mi hora, yo puedo descansar mi cabeza en esta oración: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

En el último momento de Jesús, su alma entró al Paraíso para estar segura al lado de su Padre. El Día de Resurrección la piedra fue rodada para mostrar que el Hijo de Dios había resucitado. ¡Qué seguridad para mí! Esas son las manos tiernas y amorosas de mi Padre que bajan para llevar mi alma a su casa y para resucitar mi polvo sin vida de su lugar de sepultura el Último Día.

Oración:

Señor, guárdame seguro por medio de la fe en ti, y llévame a casa cuando llegue el momento indicado. Amén.