(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 10:13–34)

JESÚS ES UNGIDO PARA SU SEPULTURA

Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Allí se dio una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

—Juan 12:1-3

Seis días antes de la Pascua (el viernes anterior al Viernes Santo), en una cena en Betania a la cual fue invitado, María de Betania ungió a Cristo con un perfume caro. El perfume de nardo con la que ella ungió al Señor era una muy fina y costosa esencia aromática que costaba 300 días de salario jornal.

María apreciaba a Cristo más que a su dinero y que a su precioso tesoro (el nardo era al ser importado de la India era muy valioso). Lo que María hizo eso que escandalizó tanto a Judas (y también a los otros discípulos cf. Mateo 26:8) que lo consideró un desperdicio de dinero que hubiera sido mejor gastado ayudando a los pobres. Jesucristo, claramente afirma que María de Betania, con este devoto acto, lo preparaba para su sepultura y que dondequiera que se predique el evangelio se mencionaría esto que ella hizo por él. Por esto sabemos que María entendía que Cristo pronto iba a morir, y también quién era él. María comprendía que no solo estaba ungiendo a su maestro, sino que estaba ungiendo al Mesías prometido, al propio Hijo de Dios. ¿Por qué María pudo hacer esto mientras los demás solo se fijaban en que ese dinero podría tener otros usos? La respuesta es simple: Mientras los discípulos alimentaban sus sueños y esperanzas con las ideas milenarias de los judíos acerca del Mesías, ella aprovechó todo momento posible para prestar atención a las enseñanzas de Cristo. El evangelio predicado no solo creó la fe en su corazón sino también la fortaleció, mientras ella escuchaba la única cosa realmente necesaria (Lucas 10:42).

Nosotros, como los discípulos, fallamos en la prioridad de escuchar con atención diligente la predicación de la palabra. Así pecamos contra el mandamiento que ordena guardar el día de reposo, pues solo el evangelio da reposo al alma. Jesucristo en sustitución nuestra lo obedeció en lugar nuestro y recibió el castigo que nosotros merecemos por este pecado. En gratitud, como María, vamos a querer elegir lo único necesario.

Oración:

Señor, te doy gracias por Jesucristo, mediador del nuevo pacto y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pues por sus méritos tengo tu perdón y el privilegio de servirte siendo buen administrador de los bienes. Amén.

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