(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Samuel 17:18–37, Lucas 19:28–31)

DIOS LO RESUCITÓ

Pueblo de Israel, escuchen esto: Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él, como bien lo saben. Éste fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz. Sin embargo, Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio.

—Hechos 2:22–24

¿Cristo murió porque lo mataron o porque él entregó su vida por nosotros? Mucha gente opina que Cristo fue un revolucionario que quería cambiar el mundo pero que lastimosamente murió defendiendo sus ideales. Pero la Biblia enseña que él conocía el cómo, el cuándo y el por qué de su muerte y que aún así escogió morir. Sin embargo, también afirma que su crucifixión fue promovida por gente que lo odiaba y que la nación de Israel de ese tiempo no carecía de culpa. ¿Cómo así?

Al igual que los hermanos de José lo vendieron tratando de deshacerse de él, pues lo consideraban indeseable, el judaísmo no estaba contento con la aparición de Jesucristo. Pero del mismo modo que Dios transformó el mal tramado contra José en una bendición tanto para sus hermanos como para el mundo entero, el Señor hizo que la muerte de Cristo sea de bendición tanto para Israel como para el mundo entero. ¿Cómo? Dios no solo conoce el corazón humano y la maldad de la que es capaz de albergar, también sabe lo que acontecerá. Él sabía que si enviaba a su Unigénito, la maldad humana llegaría a matarlo. Aun así, Dios el Hijo voluntariamente vino y entregó su vida a fin de que sea el pago por el pecado. Dios es todopoderoso y pudo haber evitado que la gente mate a Cristo. Pudo haber usado un cataclismo e incluso simplemente permitir que el cuerpo del Señor se regenere de inmediato cerrando sus heridas sanándolo en el acto. Pero no lo hizo. La Biblia dice que en el momento final Jesús «entregó su espíritu.» (Mateo 27:50) Aunque es verdad que fueron los enemigos humanos de Cristo quienes no solo tramaron su muerte, sino que hicieron todo lo posible por lograrlo fueron los pecados de toda la humanidad, que él quiso cargar para salvarnos, los que lo mataron. Dios lo resucitó y ahora vive. No es necesario que carguemos con nuestros pecados pues él los pagó. En gratitud vamos a querer servirle amándole y amando a nuestro prójimo, eso es lo que hacen los resucitados en Cristo.

Oración:

Señor, te doy gracias por Jesucristo, pues por los méritos de su perfecta obediencia a tu santa voluntad en lugar de mí me declaraste justo; y por su muerte en la cruz tengo tu perdón y el privilegio de servirte aunque soy imperfecto. Concédeme por tus medios de gracia amar de modo que te honre en gratitud a tu amor incondicional. Amén.

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