“Ahora, hijitos, permanezcan en él para que, cuando se manifieste, tengamos confianza, y cuando venga no nos alejemos de él avergonzados” (1 Juan 2:28)

SOMOS HIJOS DE DIOS, QUE AGUARDAMOS LA VENIDA DE CRISTO 

Jesús viene. ¿Está usted preparado? Pensar en la segunda venida de Jesús llena al incrédulo de terror. Juan vio una imagen de ese terror, y la escribió para nosotros en el libro de Apocalipsis. Escribió: “Todos se escondieron en las cuevas y entre las grietas de los montes: lo mismo los reyes de la tierra que los príncipes, los ricos, los capitanes y los poderosos; lo mismo los esclavos que los libres; y decían a los montes y a las peñas: ‘¡Caigan sobre nosotros! ¡No dejen que nos mire el que está sentado sobre el trono! ¡Escóndannos de la ira del Cordero! El gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá mantenerse en pie?” (Apocalipsis 6:15-17).

El incrédulo tiene razón en temer el juicio venidero. ¿Qué tal nosotros? ¿Nos preocupa pensar en el día del juicio? Sí, nos preocupa, porque somos seres humanos pecadores. Hemos violado la voluntad de Dios en pensamiento, palabra y obra. No merecemos otra cosa sino la ira de Dios y el castigo.

Sin embargo, escuche las palabras de Juan en nuestro texto: “Permanezcan en él para que, cuando se manifieste, tengamos confianza, y cuando venga no nos alejemos de él avergonzados”. Somos hijos de Dios. Por medio de la fe en Jesús poseemos el perdón de todos nuestros pecados. El Señor nos dijo: “Yo, y nadie más, soy el que borra tus rebeliones, porque así soy yo, y no volveré a acordarme de tus pecados” (Isaías 43:25).

Cuando el Señor nos llame para presentarnos delante de él en juicio, nuestros pecados no se levantarán para condenarnos. Jesús pagó por todos ellos con su muerte en la cruz. No estaremos avergonzados de presentarnos delante de Dios ese día, porque iremos ataviados con la justicia de nuestro Salvador.

No es de extrañarse que Juan nos diga que podemos tener confianza y no debemos avergonzarnos delante de Cristo en su venida. Nuestra confianza no se basa en nada que hayamos hecho. Nuestra confianza está basada en todo lo que Dios ha hecho por nosotros.

Jesús dijo: “Ciertamente, vengo pronto” (Apocalipsis 22:20). ¿Está usted listo? Por la gracia de Dios, lo estamos. Creemos en Cristo. Somos hijos de Dios, revestidos de la justicia de Cristo. Oramos: “¡Ven, Señor Jesús!” (verso 20).

Oración:

Señor Jesús, gracias por hacer todo para mi salvación, a fin de que no tenga por qué temer encontrarme contigo en el último día. Por la fe en ti, espero con anhelo nuestra unión gloriosa en el cielo. Amén.