¿TODAVÍA ESPERAS LA VENIDA DE ELÍAS?

Les digo que Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del hombre a manos de ellos.

Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista.

—Mateo 17:12-13

Muchas iglesias enseñan que, antes del fin del mundo, aparecerán dos profetas y uno de ellos sería Elías. Cada año, los judíos, el día de la pascua comen pan sin levadura y beben vino. En la cena de pascua sirven varias copas de vino y cada una tiene su propio significado. La última copa la sirven en honor al profeta Elías recordando la promesa de Dios que anuncia: «Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.» (Malaquías 4:5). Con esto en mente los discípulos de Jesús le preguntaron: «¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero?» (Mateo 17:10) Jesucristo les respondió clara y contundentemente con las palabras de la meditación de hoy.

Jesús enseña que la profecía de Malaquías fue cumplida en Juan el Bautista. Juan fue el segundo Elías. Al igual que Elías, predicó con poder y valor. Antes de su nacimiento un ángel de Dios apareció al sacerdote Zacarías, el padre de Juan el Bautista. También le dijo que su hijo: «irá primero, delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías» (Lucas 1:17). Finalmente, el ángel citó la profecía de Malaquías para hablar de la misión de Juan. Sí, el Elías de la profecía ya vino. Cumplió su misión pues preparó el camino del Señor. Por tanto no esperamos a Elías. Los apóstoles y los creyentes, en gratitud a la redención que Jesucristo obró a favor de la humanidad, vamos a querer esperar, anhelantes, la segunda venida de Cristo.

El apóstol Pablo, confiando en los méritos de Cristo como única y suficiente preparación para esa venida, confesó: «Me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida.» (2 Timoteo 4:8)

Oración:

Señor, en gratitud por lo que hiciste para salvarme quiero esperar anhelante tu segunda venida. Te suplico me concedas, a través de los medios de gracia, el llegar a ser maduro en la fe; para que me encuentres lleno de fruto de justicia en tu segunda venida. Amén

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