El amor jamás dejará de existir. En cambio, las profecías se acabarán, las lenguas dejarán de hablarse, y el conocimiento llegará a su fin. Y es que sólo conocemos y profetizamos de manera imperfecta, pero cuando venga lo perfecto, lo que es imperfecto se acabará. Cuando yo era niño, mi manera de hablar y de pensar y razonar era la de un niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé atrás las cuestiones típicas de un niño. Ahora vemos con opacidad, como a través de un espejo, pero en aquel día veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero en aquel día conoceré tal y como soy conocido (1 Corintios 13:8-12).

EL AMOR NUNCA CAMBIA

El simple amor humano es con frecuencia inconstante, algunas veces caliente y otras veces frío. Pero el amor cristiano no cambia; nunca deja de ser. “El amor jamás dejará de existir”, escribe Pablo.

Mientras que el amor cristiano es permanente, todo lo demás pasará. Vendrá el tiempo en que toda esa profecía revelada se cumplirá. Vendrá el tiempo en que las “lenguas” que lo proclaman guardarán silencio, porque su testimonio ya no será necesario. Vendrá el tiempo cuando el don del “conocimiento”, de formular y exponer la verdad de una manera en que la gente pueda comprenderla y por el poder del Espíritu creerla, desaparecerá. Ese tiempo llegará cuando Cristo aparezca en gloria. Entonces sabremos y comprenderemos los misterios de nuestra salvación de una forma celestial. Pero el don del amor permanecerá inalterable: “El amor jamás dejará de existir”.

Igual como un niño crece y se hace adulto y deja las cosas de su niñez atrás, así el cristiano crece y alcanza toda la madurez en el cielo, dejando las cosas de la tierra atrás, excepto el amor.

Mientras estemos aquí en la tierra, debemos seguir creciendo en ese amor. Para ese crecimiento constante, necesitamos el alimento espiritual de la palabra, y la necesitaremos hasta que llegue ese día final y grandioso. Entonces toda la gloria del cielo, a la cual únicamente podemos ver ahora en el espejo de su palabra, de repente irrumpirá a plena vista. En el cielo veremos a Dios cara a cara. Será la máxima alegría estar con nuestro Señor y Salvador para siempre y verlo como es.

Allí nuestro amor, el cual aquí se fortalece por su palabra, alcanzará su plenitud. Nuestro amor por Dios y todos los santos nunca será imperfecto, nunca se enfriará, nunca se perderá. El amor cristiano dura para siempre. Esa es su excelencia y su belleza.

Oración:

Oh, Dios, derrama el don de amor en nuestro corazón para que podamos amarte y amarnos unos a otros con más fervor cada día hasta que llegue ese día grandioso. Amén.

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