EL CIELO ES MI HOGAR

Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. Filipenses 3:20

Después de haber estado lejos de mi hogar durante un mes, me alegré al ver la bandera de mi país ondeando sobre nuestra embajada en Lagos, Nigeria. Esa bandera me recordó mi bendito país y me hizo anhelar mi hogar.

Todo cristiano conoce ese sentimiento; excepto que el hogar que todos los creyentes anhelan es el hogar celestial. Nos gusta cantar: “Soy peregrino aquí. El cielo es mi hogar”. En los funerales, esas palabras les traen lágrimas a los ojos; pero esas mismas palabras le dan color a nuestra vida. Todavía tengo que vivir en este mundo y tengo que usar las cosas de este mundo, pero Dios me ayuda a vivir como uno que está solo de paso, no como uno que está tratando de echar raíces permanentes. Dios me ayuda a regocijarme de que mi nombre está escrito en su libro de la vida en el cielo. Dios me ayuda a atesorar las bendiciones que tengo como ciudadano del cielo: el perdón de cada uno de mis pecados, su ayuda en todo problema, consuelo en cada aflicción, y el cielo al final.

Sí, el cielo al final. “…de donde anhelamos recibir al Salvador”, escribió Pablo, utilizando una palabra que describe la manera como los niños esperan la Navidad. Como ciudadano del cielo, no ando por ahí con mis ojos puestos en este mundo de barro. Mis ojos y mi corazón conocen solo una dirección: hacia arriba, esperando con alegría el regreso del Salvador. Cuando él regrese en el último día de este mundo o en mi último día en este mundo, disfrutaré plenamente mi ciudadanía celestial y me deleitaré con todas sus bendiciones. Cuando venga ese día, veré la bandera del cielo ondeando y estaré en mi verdadero hogar con el Señor.

Oración:

Señor, mantenme a salvo como peregrino en este mundo hasta que me lleves a mi hogar celestial. Amén.