COSECHAMOS LO QUE SEMBRAMOS

Les dije: Siembren ustedes justicia y recojan cosecha de amor. Preparen la tierra para un nuevo cultivo, porque es tiempo de buscar al Señor, hasta que él venga y traiga lluvia de salvación sobre ustedes.

Pero ustedes han cultivado la maldad, han cosechado la injusticia y han comido los frutos de la mentira.

— Oseas 10:12-13a, DHH

El pueblo de Israel tenía conocimientos de agricultura. La agricultura es bastante antigua. Adán, el primer hombre, era labrador (Génesis 2:5) Por tanto la ilustración que habla de cosechar lo sembrado no es de ningún modo misteriosa. En el pasaje que hoy meditamos Dios usa esta ilustración para que el pueblo de Israel tenga presente, y bien claro, que sus derrotas militares y posterior deportación a Babilonia no eran algo casual. Por el contrario, eran el resultado de su idolatría y rebelión contra Dios.

El pueblo de Dios estaba pasando su vida en la tierra prometida sin ningún tipo de arrepentimiento, ni fe, ni frutos de fe, «ustedes han cultivado la maldad, han cosechado la injusticia y han comido los frutos de la mentira», les dice Oseas a los israelitas impenitentes. Nuevamente el profeta les hace recordar que, como una esposa infiel, ellos le han mentido a Dios, quien es el fiel esposo de Israel.

Cuando persistimos en nuestra impenitencia, es decir, en nuestra falta de arrepentimiento, Dios usa su disciplina para que tengamos consciencia del mal camino que hemos tomado. Así nos da la oportunidad de recapacitar antes que llegue aquél día en que todos han de rendir cuentas ante el juez eterno. Cuando, nos encontramos afligidos al saber que hemos pecado y aterrorizados al conocer que él está enojado contra nosotros, entonces entramos en conciencia de que merecemos padecer toda la ira de Dios en el infierno eterno. Solo entonces Dios nos consuela con el anuncio del perdón gratuito obtenido al alto precio de la sangre derramada de Cristo para nuestra redención. En gratitud ante tal amor vamos a querer amar a Dios y al prójimo.

Oración:

Señor, tu palabra me asegura que en Cristo me amas con amor eterno y que todas las cosas que me suceden, aun las que me parecen malas, me ayudan a bien. Te suplico concedas, por tus medios de gracia, que mi corazón lo comprenda así, de modo que en mí rebose toda gratitud.  Amén. 

 

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