“Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios, y tuviera todo el conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:1-3)

SI TENEMOS CADA DON ESPIRITUAL PERO NO TENEMOS AMOR, DE NADA NOS SIRVE 

Los cristianos corintios fueron personas de grandes dones. Pero lo que les hacía mucha falta a los corintios era amor, amor ágape, el amor que da y busca beneficiar a otros. Los corintios se habían enorgullecido. Creyeron que sus dones especiales los hacían superiores a quienes los rodeaban, y comenzaron a despreciar a los que no poseían los mismos dones que ellos.

No obstante, se estaban olvidando en qué consistían los dones espirituales. En primer lugar, los dones espirituales son dones de gracia, lo cual significa que no los ganamos y no podemos atribuirlos a nosotros. El Espíritu Santo distribuye esos dones a los miembros del cuerpo de Cristo como él vea que sea conveniente. Los dones espirituales no significan hincharse de orgullo pecaminoso. Más bien, se deben usar para edificar todo el cuerpo de Cristo y servirse unos a otros con amor.

Los dones espirituales que se usan en forma egocéntrica no tienen ningún propósito. Por eso Pablo dice que usar los dones espirituales, sin importar cuán valiosos puedan ser, no sirve de nada si el amor no está presente.

El patrón para usar nuestros dones al servicio de otros viene de Cristo. No vino a este mundo “para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Cuando vemos que Jesús instruye pacientemente a sus discípulos, que con frecuencia no le hicieron caso o lo interpretaron de forma incorrecta, cuando vemos a Jesús combinando su amor por la verdad con amor por las almas, mientras reprende y busca ganarse a sus enemigos, cuando lo vemos realizando milagros piadosos a aquellos afligidos por el reino de Satanás, y, por último, cuando vemos a Jesús sufriendo tan terriblemente por nuestros pecados, vemos el verdadero amor en acción. Amor por nosotros; amor por el mundo. Amor que debe guiar y dar forma a todo lo que hacemos. Este es el amor de Jesús por nosotros.

Cualesquiera que sean sus dones, debe usted usarlos por amor y en beneficio de otros en su familia, en su matrimonio, en su congregación y en su comunidad.

Oración:

Espíritu Santo, ayúdame a usar mis dones espirituales para honrar a mi Salvador y para servir a mi prójimo en amor. Amén.

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