CUANDO LOS CRISTIANOS DUERMEN

Cuando la luz brilla, todo queda al descubierto y puede verse cómo es en realidad. Por eso alguien ha escrito: «¡Despiértate, tú que duermes! Levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará.» Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como tontos.

– Efesios 5:13-15 (Traducción en Lenguaje Actual)

A mi abuela, quien tenía una hermosa voz, le gustaba cantar tangos. Recuerdo uno bastante triste que habla de una madre que pierde sus cinco hijos en la guerra sirviendo a su patria. En una de las estrofas hay una afirmación interesante que dice: «silencio en la noche, el músculo duerme, la ambición trabaja». No puedo negar la veracidad de tal expresión puesto que hay quienes trabajan de noche para acumular riquezas. Pero no todos los que trabajan de noche están empeñados en servir a Mammón, es decir, al dinero (Mateo 6:24, RV1909). Existen personas como los médicos, policías, etc., que sirven a la sociedad, por vocación, trabajando de noche.

En el texto de hoy, el apóstol Pablo recuerda que los cristianos somos hijos de la luz y como tales nuestra misión es alumbrar. Mientras que otros se dedican a cosas vergonzosas de noche aprovechando la oscuridad, los cristianos no sólo deben evitarlas, sino también deben emprender una acción positiva y decisiva contra ellas para que los pecadores puedan ver el error de sus caminos, arrepentirse y volverse en fe hacia el perdón que Cristo ha obtenido hasta para el más vil y oscuro de los delitos. Un cristiano que no resplandece santidad no está vigilando pues está dormido en la fe.

Los creyentes somos llamados a cultivar la pureza moral personal, la santidad. No para ser aceptables a Dios, sino para que nuestra vida muestre la pureza apropiada de las personas que, por medio de la fe en Cristo, han sido aceptadas por Dios. Evidentemente fallamos en hacerlo perfectamente, y por eso nos hacemos merecedores de toda la ira de Dios. Pero Cristo vino precisamente para vivir una vida santa en sustitución de nosotros y para morir pagando el castigo por nuestros pecados. Debido al amor y al aprecio de lo que Cristo ha hecho por nosotros querremos que nuestra vida sea conforme a la santa voluntad de Dios, despertados y brillando con la luz del evangelio en este mundo.

Oración:

Señor, te doy gracias porque, aunque no he vivido santamente como tú lo exiges, por los méritos de tu Hijo Jesucristo tengo tu perdón y la vida eterna. Te suplico que me concedas vivir como una luz tanto con mis palabras como con mi conducta todo el tiempo que me resta aquí en la tierra. Amén.