MI ABOGADO DEFENSOR

¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. Romanos 8:34

¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. Romanos 8:34

Los programas sobre la ley y el orden hay sido muy populares durante mucho tiempo en la televisión. Los televidentes se ven atrapados en el drama de las escenas en el tribunal. Ojalá todos ellos estuvieran aún más interesados en la escena de nuestro versículo.

Pablo nos lleva a la corte del cielo. Dios, el juez, está en la silla. El pecador que hay en cada uno de nosotros está siendo juzgado. Los testigos de la acusación son la ley, la muerte y Satanás. Primero se presenta la ley en el estrado: “Él es culpable: hizo lo que yo le dije que no debía hacer y no hizo lo que yo le dije que hiciera. Aquí están los archivos, Juez, llenos de infracciones”. Luego se presenta la muerte: “Señor Juez, usted sabe cuál es la paga del pecado. Usted mismo ha dicho que el alma que pecare debe morir”. Satanás se apresura a presentarse: “Juez”, le dice, “Este pecador le pertenece a mi infierno, él ha pasado gran parte de su vida siguiéndome y escuchándome”.

Parece que el caso está cerrado. Se puede ver al infierno abriendo las puertas de su cárcel. Pero mi Abogado Defensor se aproxima al estrado- ¡Qué magnífico abogado es él! Pablo lo describe como Cristo, el que murió, fue vuelto a la vida, está a la diestra de Dios, e intercede por mí. Mi Abogado ya ha muerto por mí. Y resucitó para demostrar que ya ha hecho todo el pago por mí. Ahora, a la diestra de Dios, está ocupado representándome. Y él siempre gana sus casos. “Caso cerrado”, tiene que decir el Padre cuando mi Salvador intercede por mí. Ninguna corte terrenal ofrece un drama como ese. Ningún veredicto es más importante que ese.

Oración:

Señor, te doy gracias por el pago que hizo Jesús por mis pecados, y que da por resultados su absolución para mí. Amén.