NO HAY EXCUSA QUE VALGA

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

– Salmo 19:1, Reina Valera 1960

Por milenios la humanidad ha contemplado maravillada el cielo. Con el avance tecnológico podemos escudriñarlo con mayor detalle que antes para maravillarnos aún más. Por otra parte, el hombre se ha adentrado cada vez más en sus observaciones al mundo microscópico. Lo que se ha encontrado, confirma que nuestro conocimiento de la creación realmente es muy limitado. La naturaleza evidencia, contundentemente, que Dios es bueno, sabio, eterno, poderoso y divino, tal como San Pablo lo afirma: «Desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó». A esto agrega: «Sin embargo, no ha dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón» (Romanos 1:20 Hechos 14:17). Por lógica conocemos que alguien ha construido las casas de un vecindario, sin necesidad de conocer al constructor. Así también, al ver la creación conocemos que hay Creador. Aunque nadie ha visto a Dios, todos han conocido sus huellas en todo lo creado y es muy necio negarlo (Hebreos 3:4-5; Juan 1:18; Salmo 14:1).

Negar la existencia de Dios es malo, pero también lo es el ser indiferente y desagradecido con él. Todo lo que poseemos y disfrutamos nos viene de Dios; él es el dueño de toda la creación. (Juan 3:27; Salmo 24:1). No somos dueños de nada al venir a este mundo y así nos iremos. Por tanto nada que poseamos aquí nos pertenece (Job 1:20; 1 Corintios 4:7). Ser desagradecido e indiferente a Dios son pecados contra el primer y segundo mandamientos. Confiar en nuestros bienes y capacidades, más que en Dios, es idolatría, pues aquello en lo que más confiamos es nuestro dios. La Biblia dice: «nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón» (Romanos 1:20-21). También yo fallé en esto y merezco la eterna ira de Dios.

Jesucristo cumplió perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros. Él puso en primer lugar a Dios y le adoró con gratitud y acciones de gracias (Lucas 6:12; Juan 6:11) y cargó, en lugar de nosotros, con las consecuencias eternas de este pecado nuestro (1 Juan 3:5). Ante tal amor queremos, en gratitud, amar, temer y confiar en Dios sobre todas las cosas e invocar su nombre en adoración.

Oración:

Bondadoso Creador, en mi necedad no te he honrado como debía. Gracias te doy porque Jesucristo lo hizo en lugar mío. Te suplico que no permitas que caiga en la tentación de ser desagradecido e indiferente a tu gran bondad. Amén.