CONDENACIÓN DE ISRAEL Y JUDÁ

Escuchen, pueblos todos; preste atención la tierra y todo lo que hay en ella.

Desde su santo templo el Señor, el SEÑOR omnipotente, será testigo en contra de ustedes.

Y todo esto por la transgresión de Jacob, por los pecados del pueblo de Israel.

¿Acaso no representa Samaria la transgresión de Jacob?

¿Y no es acaso en Jerusalén donde están los santuarios paganos de Judá?

—Miqueas 1:2,5

En tiempos de Miqueas el pueblo de Israel existía en dos reinos. Uno al norte, conocido como Israel, con su capital Samaria; y el otro al sur, conocido como Judá, con su capital Jerusalén. Ambos reinos obraron pecaminosamente contra el Pacto que Dios hizo con sus antepasados. Ese pacto, que incluyó la ley moral en los diez mandamientos, estipulaba el juicio de Dios contra los israelitas si lo quebraban. Dios, por medio de Miqueas, anuncia el juicio para ambos reinos pero convoca a todas las naciones. ¿Por qué?

Aunque Miqueas va a pronunciar el juicio de Dios sobre Israel y Judá, sin embargo llama a los «pueblos todos», y a «la tierra y todo lo que hay en ella», para que «escuchen» y «presten atención», puesto que esa proclamación tiene que ver con todo el mundo. Jehová utilizará los dos reinos como «testigos contra» todas las naciones que pudieran estar involucradas en la idolatría y la maldad de Israel y de Judá. Todos deben reconocer al Señor cuando habla «desde su santo templo», su trono en el cielo. Él es «el SEÑOR omnipotente», el único en el universo que tiene la autoridad completa para condenar y castigar el pecado. Su norma para juzgar es su inmutable y santa voluntad, que está escrita en el corazón de todos los hombres y que fue repetida en lenguaje inequívoco en el monte Sinaí en los diez mandamientos de la ley moral. Se aplica a todo el mundo porque Dios no hace acepción de personas, pero al mismo tiempo él es Jehová del pacto de gracia y misericordia cuyo amor salvador llega a toda la humanidad. Por medio de Miqueas, Jehová quiere repetir su promesa de proveer un Salvador. Este Salvador nacerá en Belén (5:2) y será el que «abre camino» al cielo (2:13, RV95).

La condenación de Israel y Judá es un recordatorio a todo el planeta de que Dios está enojado con el pecado y contra el pecador. Dios no pasará por alto ninguna transgresión. Pero Cristo vino para ser nuestro doble sustituto tanto al obedecer a Dios como al padecer el castigo por nosotros. Por gracia somos.

Oración:

Padre nuestro, te doy gracias por los méritos de tu Hijo Jesucristo. Gracias a él, en el bautismo me hiciste tu hijo, un miembro de tu familia y beneficiario de las promesas del nuevo pacto. Amén. 

 

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