LA DICHA DE LOS HIJOS DE DIOS

«Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.»

– Mateo 5:9

No necesitamos trabajar para conseguir la paz con Dios, pues él ya hizo todo lo necesario para que tal paz sea una realidad. Gracias a Jesucristo podemos estar en paz con Dios mediante la fe, así está escrito: «En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1). Por esta causa, y en gratitud al Señor por su misericordia, los cristianos queremos ofrecerle esa paz a todo el mundo. No solo queremos que el mundo esté en paz con Dios sino también que cada uno esté en paz consigo mismo y con su prójimo. Sin embargo, estamos conscientes que la paz con el prójimo solo es posible cuando hay paz con Dios.

No todos quieren paz con Dios. Los que por su incredulidad la rechazan tendrán que responder delante de Dios en el juicio y no tendrán excusa. Es debido a que no todos quieren la paz con Dios que la paz entre los seres humanos es escaza y es necesario trabajar para lograrla. El unigénito Hijo de Dios es el pacificador esencial, y todos los que por los méritos de Cristo están reconciliados con Dios también quieren ser pacificadores. Dios envió a su Hijo a este mundo como el Príncipe de Paz, y llamará hijos a las personas que hacen la paz. Los hijos de Dios no sólo se comportan tranquila y pacíficamente, sino que deliberadamente se abstienen de crear problemas. Procuran con rapidez lograr la paz donde hay enemistad u hostilidad; están prestos como mediadores entre naciones que están en guerra o parientes que están en disputa o vecinos hostiles. Hasta donde es posible, procuran por vivir en paz con todos (Hebreos 12:14).

Los hijos de Dios son quienes trabajan activamente no sólo para que haya paz, sino también para conservarla. Jesús dice que quienes trabajan por la paz son dichosos porque serán llamados hijos de Dios. Vivir sin paz con Dios no es dicha desde ningún punto de vista. Vivir en permanente discordia con el prójimo no es dicha. Vivir sin conocer el amor de Dios no es dicha. La verdadera dicha proviene de vivir en paz con Dios, tal como lo expresó el devoto Simeón: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación» (Lucas 2:29)

Aunque amo la paz, no soy un perfecto hacedor de la paz tal como Dios lo quiere. Por esto merezco toda la ira de Dios. Jesucristo padeció esa ira en lugar mío y fue un perfecto hacedor de la paz en sustitución mía. Por sus méritos Dios me declara justo hacedor de la paz. En gratitud quiero trabajar por la paz y pido al Señor su ayuda para hacerlo.

Oración:

Señor, concédeme un corazón que ame la paz y también poder ser un hacedor de la paz. Amén.