(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 12:1–25, Lucas 23:40–49)

EL ARREPENTIMIENTO DE DAVID

—¡He pecado contra el SEÑOR! —reconoció David ante Natán.
—El SEÑOR ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—. 14 Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al SEÑOR.

—2 Samuel 12:13–14

¿Ha sentido una gran frustración cuando alguien que usted admiraba ha caído en un pecado sórdido? No podemos negar que tal cosa va a afectarnos de muchas maneras. Pero, siendo realistas, debemos reconocer que todos los seres humanos, al ser hijos de Adán, estamos inclinados al pecado. Es mucho más frustrante el caso del que, habiendo caído en pecado, no se arrepiente. El rey David cayó en pecado, pero fue más allá, trató de ocultar su falta en lugar de vivir en arrepentimiento. Un tiempo después, el profeta Natán lo confrontó y David confesó su pecado ¿Qué es lo que obró tal cambio en él?

Tras enterarse que Betsabé quedó encinta como resultado del adulterio que cometieron, David inmediatamente tramó una manera de ocultar el haber pecado. Esto mismo es lo que Adán y Eva quisieron hace cuando se cubrieron con hojas en el huerto de Edén. La primera reacción del ser humano después de haber cometido su pecado es ocultarlo. En ocasiones, para hacerlo, procurará mostrarse puro y ser un juez implacable de los demás tal como hacían los fariseos del tiempo de Jesús (Lucas 18:9–14). La Biblia advierte: «No le irá bien al que oculta sus pecados, pero el que los confiesa y se aparta será perdonado.» (Proverbios 28:13). Pero David no podía hacer otra cosa que esconder su pecado, pues eso es lo que hace nuestra naturaleza pecadora, y al hacerlo se acarreaba más mal. Fue la misericordia de Dios que envió al profeta Natán para obrar el arrepentimiento, pues por nuestro propio poder o decisión no podemos arrepentirnos. Natán usó la ley de Dios en toda su dureza para confrontar a David con su pecado. El espíritu Santo obrando en esa palabra de ley obró arrepentimiento en David cuyo primer fruto fue la confesión de su pecado. Ante ese fruto, Natán le pronunció la absolución de su pecado. También nosotros necesitamos escuchar la ley moral de Dios en toda su dureza para que el Espíritu Santo obre arrepentimiento en nosotros. Por la ley, David se dio cuenta de su pecado. Con el evangelio produce la fe para creer que fuimos perdonados. Puesto que, al ser pecadores de nacimiento, somos merecedores de toda la ira de Dios, Cristo vino como nuestro sustituto y por sus méritos hemos sido absueltos. En gratitud vamos a querer vivir en arrepentimiento diario.

Oración:

Señor, confieso que por mi propia razón o elección no puedo arrepentirme, creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él. Sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado y guardado en la fe verdadera. Gracias te doy por ello, pues mi salvación no depende de mí sino de ti. Amén.

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