DIOS, EL MISERICORDIOSO 

Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; 

de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca.. 

 — Salmo 89:1, RV1995. 

«En esta vida no hay nada seguro excepto la muerte y los impuestos» afirma un viejo refrán inglés. Pero la verdad es que en esta vida hay algo que es más seguro aun que la misma muerte: las promesas incondicionales de Dios. Sí, Dios es fiel y cumple toda promesa incondicional él que ha dado (2 Corintios 1:18; Números 23:19). Pero además de las promesas incondicionales de Dios existe otra cosa que también es segura: Su misericordia. Dios ha mostrado su misericordia hacia nosotros de tal manera que no escatimó a su Hijo para poder darnos la salvación. 

 

Ninguno de nosotros merece en modo alguno la misericordia de Dios. Por eso cuando alguno es bendecido con esa misericordia lo primero que nota es precisamente el hecho de ser indigno de ella. Ser conscientes de eso permite apreciar cuán malos somos y cuán bondadoso es Dios. El resultado es la gratitud del corazón hacia Dios al querer ejercer misericordia con quien la necesite. A los israelitas el Señor les mandó: «Juzguen con verdadera justicia; muestren amor y compasión los unos por los otros. No opriman a las viudas ni a los huérfanos, ni a los extranjeros ni a los pobres. No maquinen el mal en su corazón los unos contra los otros.» (Zacarías 7.9-10). Así mostró que la misericordia va dirigida en primer lugar a los más la necesitan porque «Jehová guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene» (Salmos 146:9, RV95). La misericordia de Dios es compasiva. Eso significa que el padecimiento de quienes sufren le conmueve. Jesucristo (Dios hecho carne) manifestó la misericordia divina cuando tuvo compasión de los le seguían al desierto (Mateo 14:14); cuando tuvo misericordia del leproso (Marcos 1:41) y cuando se compadeció de la viuda de Naín que llevaba a enterrar a su único hijo (Lucas 7:13).  

 

Los israelitas tenían buenas razones para glorificar a Dios en gratitud, pues él fue misericordioso con ellos muchas veces. Nosotros los cristianos también nos hemos beneficiado de la misericordia divina gracias a los méritos de Cristo y no debido a los nuestros. Ser misericordioso con el prójimo es el fruto de quien verdaderamente se ha arrepentido de su pecado (Santiago 2:13). Lo triste es ninguno de nosotros es misericordioso de la manera que Dios lo exige (Mateo 5:48) Por eso merecemos toda la ira de Dios. Pero Jesucristo fue misericordioso perfectamente en lugar de nosotros y también fue castigado en lugar de nosotros por nuestra falta de misericordia. (Mateo 9:36). En gratitud vamos a querer ser misericordiosos y compasivos con nuestro prójimo. 

 Oracion:

Señor, en gratitud por tu misericordia hacia mí quiero ser yo misericordioso con los demás. Te suplico me concedas el serlo. Amén. 

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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